Literature DB >> 33643404

[São Paulo call to action for the prevention and control of high blood pressure: 2020Chamado à ação de São Paulo para prevenção e controle da hipertensão arterial: 2020].

Norm Rc Campbell1, Aletta E Schutte2, Cherian V Varghese3, Pedro Ordunez4, Xin-Hua Zhang5, Taskeen Khan3, James E Sharman6, Paul K Whelton7, Gianfranco Parati8, Michael A Weber9, Marcelo Orías10, Marc G Jaffe11, Andrew E Moran12, Frida Liane Plavnik13, Venkata S Ram14, Michael Brainin15, Mayowa O Owolabi16, Agustin J Ramirez17, Eduardo Barbosa18, Luiz Aparecido Bortolotto19, Daniel T Lackland20.   

Abstract

About 1/4th of adults have high blood pressure which is the single most important risk for death (including heart disease and stroke).There are effective policies that could facilitate people making healthy choices to prevent raised blood pressure, and if fully implemented, could largely prevent hypertension from occurring.Hypertension is easy to screen and treat for BUT only about 50% of adults with hypertension are aware of their condition and only about 1 in 7 is adequately treated.Preventing and controlling high blood pressure is the major mechanism for NCD prevention and control and a model for other NCD risks.Effective lifestyle and drug treatments could prevent and control hypertension in most individuals if systematically applied to the population, simple interventions are feasible in all settings, and can be used to enhance primary care.Urgent sustained action is needed is needed for effective public policies and health system changes to prevent and control hypertension.

Entities:  

Keywords:  Hypertension; cardiovascular diseases; diet, sodium-restricted; global health; stroke

Year:  2021        PMID: 33643404      PMCID: PMC7905751          DOI: 10.26633/RPSP.2021.26

Source DB:  PubMed          Journal:  Rev Panam Salud Publica        ISSN: 1020-4989


En el 2010, entre 1 130 y 1 400 millones de personas tenían hipertensión (definida como > 140/90 mmHg. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/hypertension consultado el 16 de junio del 2019).[1] La presión arterial aumenta con la edad en las sociedades industrializadas, de tal manera que se estima que 9 de cada 10 adultos que alcancen los 80 años de edad desarrollarán hipertensión[2]. Aproximadamente 1 de cada 4 adultos tienen hipertensión (≥140/90 mmHg), incluido el 40% de los mayores de 25 años (https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/hypertension, consultado el 16 de junio del 2019; https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/hypertension, consultado el 16 de junio del 2019)[1],[3]. Si se definiera la hipertensión empleando un valor ≥ 130/80 mmHg, su prevalencia aumentaría aproximadamente 1,5 veces hasta afectar a aproximadamente el 50% de los adultos.[4],[5] Según el estudio sobre la carga mundial de enfermedad, el aumento de la presión arterial es el principal factor de riesgo mundial prevenible de muerte, y el tercer mayor factor de riesgo de discapacidad.[6] En el 2017, el aumento de la presión arterial causó unos 10,4 millones de muertes (casi 19% del total de muertes) y 218 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) (8,7% del total de AVAD).[6] Cerca del 70% de las muertes relacionadas con el aumento de la presión arterial suceden en personas con una presión arterial de > 140/90 mmHg, y el restante 30% en personas con una presión arterial subóptima, por debajo de 140/90 mmHg.[7] El aumento de la presión arterial causa más de 50% de las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y la insuficiencia cardíaca.[7],[8] La hipertensión es el factor de riesgo más importante de accidente cerebrovascular isquémico así como hemorrágico.[9],[10] La hipertensión causa más del 40% de las muertes en personas diabéticas [11] y también es un importante factor de riesgo de muerte fetal y materna en el embarazo, de demencia y de insuficiencia renal (en particular en personas de ascendencia africana), y puede causar ceguera.[7],[12],[13],[14] La hipertensión es un importante factor de riesgo de muerte en los países de ingresos bajos, medianos y altos.[7],[15] Dos tercios de las personas que padecen hipertensión se encuentran en países de ingresos bajos y medianos, donde vive la mayoría de la población mundial (https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/hypertension, consultado el 16 de junio del 2019).[1],[3] El número de adultos con hipertensión aumentó de 594 millones en 1975 a una cifra situada entre 1 130 y 1 400 millones, con el mayor aumento localizado en los países de ingresos bajos y medianos (https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/hypertension, consultado el 16 de junio del 2019). La presión arterial sistólica parece estar aumentando con el transcurso del tiempo en Asia oriental y meridional, Oceanía y África subsahariana, mientras que está disminuyendo en otras regiones.[15] En los países de ingresos bajos y medianos, la población joven presenta cardiopatías y accidentes cerebrovasculares.[1],[3] Se estima que 10% del gasto mundial en atención de salud se relaciona directamente con el aumento de la presión arterial y sus complicaciones, como la cardiopatía isquémica, la insuficiencia cardíaca y el accidente cerebrovascular.[16] Casi 25% del gasto en atención de salud en Europa oriental y Asia central corresponde a enfermedades relacionadas con la presión arterial.[16] En el plan de acción mundial sobre las enfermedades no transmisibles, se estima que el manejo clínico de los riesgos de enfermedades cardiovasculares que incluyen la hipertensión, tiene una rentabilidad de la inversión superior a US$ 3 por cada US$ 1.[17] Los entornos poco saludables tienen una influencia determinante en los estilos de vida y los comportamientos poco saludables. Existe una amplia variación nacional en la prevalencia de los riesgos de desarrollar hipertensión (por ejemplo, riesgos alimentarios, inactividad física, obesidad, consumo excesivo de alcohol) que pueden determinar en gran medida diferentes tasas de prevalencia de esta afección.[6] La alimentación poco saludable (excluyendo el impacto alimentario sobre la obesidad) contribuye a cerca de la mitad de los pacientes con hipertensión.[18] Cerca del 30% de los casos de hipertensión se relaciona con un mayor consumo de sodio (sal), y cerca del 20% se relaciona con un aporte alimentario bajo de potasio (baja ingesta de frutas y hortalizas).[18],[19] La elevada proporción de grasas saturadas frente a ácidos grasos no saturados también contribuye a la hipertensión.[20] La inactividad física se relaciona con aproximadamente el 20% de los casos de hipertensión.[18] La obesidad está asociada con cerca del 30% de los casos de hipertensión.[18] El consumo excesivo de alcohol también aumenta la presión arterial y causa hipertensión.[18] No fumar es especialmente importante para que las personas con hipertensión prevengan enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades no transmisibles.[3] Las desigualdades en cuanto a la educación y la situación socioeconómica repercuten significativamente en la prevalencia y el control de la hipertensión.[21]-[23] Los gobiernos han respaldado nueve metas mundiales voluntarias con el objetivo general de reducir en 25% la muerte prematura por las cuatro enfermedades no transmisibles principales para el 2025. Las metas relacionadas con la hipertensión y los factores de riesgo incluyen reducir en 25% la presión arterial no controlada, en 30% el consumo de sodio alimentario, en 10% la actividad física insuficiente, en 30% el consumo de tabaco en las personas de 15 años o mayores, y en detener el aumento de la obesidad y la diabetes.[24] En todo el mundo, cerca de la mitad de los adultos con hipertensión desconocen que su presión arterial es alta, una situación que reviste mayor gravedad en los países de ingresos bajos.[1],[25] Algunas de las personas que conocen que su presión arterial es alta siguen sin recibir tratamiento. Aun cuando estas reciben tratamiento, la mayoría alcanza un control subóptimo de la presión arterial.[1] En los países de ingresos altos las tasas promedio de concientización, tratamiento y control son de 67%, 55,6% y 28,4% respectivamente, mientras que en los países de ingresos bajos y medianos son de 37,9%, 29% y 7,7% respectivamente.[1],[26] Menos de 1 de cada 5 adultos con hipertensión están controlados a nivel mundial y menos de 1 de cada 14 en África subsahariana (https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/hypertension, consultado el 16 de junio del 2019)[27]. Las políticas de intervenciones a nivel poblacional para crear entornos que mejoren la alimentación y la actividad física suelen reducir los costos y ayudan a que las personas elijan opciones saludables.[28],[29] Se estima que la reducción del sodio alimentario tiene un rendimiento de la inversión de US$ 13 a US$ 18 por cada dólar invertido.[17],[30] Las políticas recomendadas para prevenir o controlar las enfermedades no transmisibles, incluida la hipertensión, consisten en mejorar la alimentación, aumentar la actividad física, evitar el consumo de tabaco y reducir el consumo nocivo de alcohol, y están definidas por la Organización Mundial de la Salud.[31],[32],[33] (https://www.who.int/tobacco/mpower/publications/en/, consultado el 7 de mayo del 2019). El tratamiento eficaz de la presión arterial de > 140/90 mmHg reduce el accidente cerebrovascular y la cardiopatía.[34] El tratamiento eficaz de la presión arterial de > 130/80 mmHg reduce el accidente cerebrovascular y la cardiopatía en las personas con riesgo cardiovascular moderado a alto (riesgo de > 10-19% de sufrir enfermedades cardiovasculares en los próximos 10 años en personas con riesgo moderado y >20% de sufrir enfermedades cardiovasculares en los próximos 10 años en personas con riesgo elevado) [34]. En los Estados Unidos, Canadá y Finlandia, más del 80% de las personas con hipertensión presentan otros riesgos cardiovasculares o evidencia de daños relacionados con la presión arterial (cardiopatía, accidente cerebrovascular o daño renal) [35],[36]. La evaluación objetiva del riesgo cardiovascular absoluto puede ser útil en el manejo general de los pacientes, incluso en la necesidad potencial de emplear un umbral de tratamiento y un objetivo terapéutico más bajos, así como en el tratamiento de la dislipidemia.[34],[37]-[39] El tratamiento de la hipertensión es la piedra angular rutinaria de la prevención primaria de las enfermedades no transmisibles y proporciona un fundamento para realizar el tamizaje periódico de la presión arterial en todos los adultos y tratar a los que presentan hipertensión. Los resultados del estudio SPRINT y un nuevo análisis del estudio ACCORD enfatizan que, en general, el tratamiento intensivo de la presión arterial es beneficioso para reducir la mortalidad en las personas con riesgo elevado de sufrir enfermedad cardiovascular, aunque puede causar otros efectos colaterales.[40],[41] Muchos países no han puesto en práctica políticas públicas eficaces de amplio alcance que propicien una alimentación y una actividad física óptimas, el control del consumo de alcohol y tabaco, y la prevención de muchas enfermedades no transmisibles, incluidos los riesgos como la hipertensión.[33] (https://www.wcrf.org/int/policy/nourishing-database, consultado el 17 de abril del 2019; https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/physical-activity, consultado el 5 de mayo del 2019; %https://www.who.int/substance_abuse/activities/fadab/msb_adab_gas_progress_report.pdf?ua=1, consultado del 5 de mayo del 2019 ). Muchos países no han ampliado a mayor escala la atención primaria para atender las necesidades de salud de la población, incluidos el diagnóstico y el tratamiento de la hipertensión.[42],[43] Muchas organizaciones y sociedades nacionales de lucha contra la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares no tienen planes estratégicos para prevenir, diagnosticar, tratar y controlar la hipertensión, y no impulsan eficazmente las políticas que estén en consonancia con las que ha elaborado la OMS para la prevención y el control eficaces de las enfermedades no transmisibles, incluida la hipertensión. Aunque mejorar el control de la hipertensión es una de las intervenciones clínicas más eficaces en función de los costos para reducir la carga de enfermedades no transmisibles y alcanzar los objetivos de desarrollo sostenibles (ODS), en muchos países la prevención y el control de la hipertensión no son una alta prioridad política y sanitaria.[44] La mayoría de los países no tienen un enfoque estratégico de los sistemas de salud y la salud pública para controlar la hipertensión.[45] Un enfoque estratégico de los sistemas de salud y la salud pública para controlar la hipertensión incluye la cobertura de toda la población por dichos sistemas; el acceso fácil a un suministro fiable y asequible de una serie de medicamentos antihipertensivos de alta calidad, incluidas las combinaciones de una sola pastilla; una atención de fácil acceso basada en el trabajo en equipo; la medición o evaluación sistemática de presión arterial en todas las consultas clínicas; el tamizaje comunitario de la hipertensión estrechamente vinculado con el sistema de salud; el uso por personal recientemente capacitado de monitores electrónicos de la presión arterial validados; el uso de un algoritmo normativo sencillo de diagnóstico y tratamiento; el uso de un registro de la hipertensión con informes de resultados; y encuestas periódicas (cada 3 a 5 años) sobre la hipertensión en la población.[46]-[52] Muchos médicos no inician o valoran adecuadamente el tratamiento en las personas que presentan valores elevados de presión arterial.[53],[54] Las políticas e intervenciones transformadoras de los servicios de salud pueden contribuir a mejorar los servicios de atención primaria de salud y el control de la hipertensión, y son altamente recomendadas por la Organización Mundial de la Salud, la estrategia Resolve to Save Lives, la Sociedad Internacional de la Hipertensión, la Liga Mundial de la Hipertensión y otras organizaciones. La Organización Mundial de la Salud ha estado al frente de múltiples iniciativas con organizaciones internacionales en el desarrollo de recursos de última generación que definan las políticas e intervenciones para prevenir y controlar las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. El recurso más destacado y actualizado es el paquete técnico HEARTS (https://www.who.int/cardiovascular_diseases/hearts/en/, consultado el 17 de abril del 2019). Resolve to Save Lives (RTSL), una iniciativa de la organización Vital Strategies, es un programa mundial financiado con apoyo filantrópico destinado a mejorar el control de la hipertensión, reducir el consumo alimentario de sodio, eliminar las grasas trans artificiales de la alimentación y mejorar la preparación para una pandemia (https://www.resolvetosavelives.org/, consultado el 17 de abril del 2019). A fin de controlar la hipertensión, el paquete técnico HEARTS aboga firmemente por aumentar la capacidad clínica de la atención primaria basada en el trabajo de equipo, el suministro confiable y asequible de medicamentos antihipertensivos eficaces (incluidos las combinaciones de una sola pastilla cuando sea apropiado), la medición o evaluación sistemática de la presión arterial en todas las consultas clínicas, el uso por personal recientemente capacitado de monitores electrónicos de la presión arterial validados, el uso de un algoritmo normativo sencillo para el diagnóstico y el tratamiento, el uso de un registro de la hipertensión con informes de resultados, y el uso de encuestas periódicas sobre la hipertensión en la población. Todos los años la Sociedad Internacional de la Hipertensión organiza junto con diversas organizaciones asociadas el Mes de la Medición de la presión arterial, y cada mes de mayo se llevan a cabo actividades de detección de la presión arterial usando técnicas estandarizadas para crear una mayor conciencia sobre el aumento de la hipertensión. A su vez, la Liga Mundial de la Hipertensión organiza anualmente con organizaciones asociadas el Día Mundial de la Hipertensión (17 de mayo) para aumentar la concientización sobre la hipertensión.[25],[55]-[57] Mantenerse al día de las mejores normas mundiales de prevención y control de la hipertensión. Medir la presión arterial en todas las consultas clínicas apropiadas. Adquirir dispositivos automatizados de medición de la presión arterial que hayan sido validados para medir con exactitud la presión arterial, y promover e imponer su uso. Elaborar programas estandarizados de capacitación sobre la medición exacta de la presión arterial para pacientes y profesionales de la salud. Asegurarse de que el personal que mide la presión arterial haya sido capacitado y evaluado de forma periódica para garantizar las lecturas precisas de la presión arterial. Exigir cursos de certificación donde estos estén disponibles. Evaluar el riesgo de enfermedad cardiovascular usando un método objetivo (programa informático, cuadro de riesgos), y determinar la presencia de enfermedad cardiovascular o de hipertensión relacionados con daño de órgano blanco como, por ejemplo, la enfermedad renal crónica en las personas diagnosticadas con hipertensión. Abordar todos los riesgos detectados de enfermedad cardiovascular con las pautas nacional o internacionalmente reconocidas.[58],[59] La atención basada en el trabajo de equipo mejora el tratamiento y el control de la hipertensión.[34],[60] Optimizar la atención centrada en el paciente por medio de un enfoque basado en el trabajo de equipo para medir la presión arterial, establecer contacto periódico con el paciente y llevar a cabo otras tareas ordinarias dentro del alcance normativo de la práctica. Además de usar un enfoque basado en el trabajo de equipo, con profesionales no médicos (personal administrativo del consultorio, enfermeras, farmacéuticos, agentes de salud comunitarios, etc.) ejerciendo al máximo de su certificación o facultades, el personal de oficina, los cónyuges y los amigos pueden desempeñar un papel importante para mejorar la efectividad del tratamiento. Sin embargo, el paciente siempre debe permanecer en el centro del equipo. Evaluar en cada paciente la conveniencia de que sea diagnosticado y tratado usando un algoritmo o protocolo sencillo de manejo de la hipertensión y personalizar el tratamiento para la pequeña proporción de pacientes inadecuados para el algoritmo o que sufren efectos colaterales o intolerancia al medicamento.[61] Tratar inmediatamente a las personas con una presión arterial mayor o igual a 160/100 mmHg después de haber hecho el diagnóstico, colocar tratamiento antihipertensivo y recomendar cambios en el estilo de vida. Exigir el uso de medicamentos antihipertensivos de alta calidad haciendo hincapié en aquellos que cumplen normas de calidad aceptables, tienen una acción prolongada, pueden usarse una vez al día y están constantemente disponibles para evitar la confusión y la interrupción del tratamiento cuando se cambian los medicamentos (aun cuando sean clínicamente equivalentes). Evaluar periódicamente el cumplimiento del paciente del esquema terapéutico para el tratamiento de la hipertensión. Usar registros con informes de resultados. Evaluar los hábitos alimentarios, el consumo de tabaco, el consumo de alcohol, la actividad física y la obesidad, y prestar asesoramiento individualizado sobre el modo de vida. Informar y ayudar específicamente a todos los consumidores de tabaco a dejar de fumar, e informar y ayudar a todos los consumidores de alcohol en grandes cantidades a limitar dicho consumo o abandonarlo. Promover y prestar asistencia a los programas comunitarios de detección de la presión arterial, como el Mes de mayo para la Medición de la Presión arterial y el Día Mundial de la Hipertensión (17 de mayo). Educar a los pacientes, sus familiares y el público. Asegurarse de que las organizaciones que representan a los prestadores de atención primaria de salud que previenen, diagnostican y tratan la hipertensión sean fundamentales en las estrategias para controlar la hipertensión. Asegurarse con las organizaciones de atención primaria de que estén disponibles directrices terapéuticas para la hipertensión adaptadas a la población del país. Traducir las directrices en algoritmos o protocolos de diagnóstico y tratamiento que sean sencillos y fáciles de usar, e incluyan combinaciones de medicamentos de una sola pastilla.[46],[61],[62] Elaborar programas estandarizados de educación con las organizaciones de atención primaria que se centren en las intervenciones claves para tratar y controlar sistemáticamente la hipertensión en la atención primaria.[63] Donde sea factible, usar los avances tecnológicos (sistemas de salud digital y por telefonía móvil) para involucrar y empoderar a los pacientes.[64]-[66] Establecer sistemas de medición domiciliaria de la presión arterial combinados con el uso de telemetría para transmitir los valores registrados en el domicilio a los profesionales de la salud y solicitarles asesoramiento con objeto de optimizar el tratamiento, mejorar la adhesión de los pacientes y reducir la inercia terapéutica. Los teléfonos inteligentes con aplicaciones relacionadas con la gestión de la hipertensión pueden proporcionar recursos de telemedicina de bajo costo para la práctica diaria. Una de estas aplicaciones (ESH CARE) de la Sociedad Europea de Hipertensión ha sido validada y se actualiza continuamente.[65],[67]-[69] Postular a los programas, los representantes de programas y las personas individuales que lo merezcan a los premios de reconocimiento de la Liga Mundial de la Hipertensión y la Sociedad Internacional para la Hipertensión por su labor en pro de la reducción del consumo de sal por la población y el control de la presión arterial (http://www.whleague.org/index.php/news-awards-recognition, consultado el 17 de abril del 2019; http://ish-world.com/activities/awards-prizes.htm, consultado el 5 de mayo del 2019). Abogar por políticas públicas favorables a la salud, especialmente las que reducen el consumo de sal o sodio alimentarios, promueven una alimentación saludable y la actividad física, reducen el consumo nocivo de alcohol y eliminan el consumo de tabaco y de las grasas trans artificiales.[31] Impulsar o fomentar la actualización de los formularios terapéuticos nacionales para asegurar la disponibilidad y asequibilidad de los medicamentos antihipertensivos de alta calidad haciendo hincapié en los fármacos de acción prolongada y la combinación de medicamentos de una sola pastilla. Abogar por políticas que incluyan la regulación para garantizar la compra, la venta y el uso de dispositivos automatizados y manguitos para medir la presión arterial cuya exactitud e idoneidad hayan sido validadas.[70],[71] Abogar por la capacitación periódica y la certificación de los profesionales de la salud y demás personas que miden regularmente la presión arterial.[72] Impulsar la atención primaria colaborativa basada en el trabajo de equipo y centrada en el paciente.[50] Promover el uso de registros de hipertensión para el seguimiento clínico y la retroalimentación sobre el desempeño en los consultorios que atienden a personas con hipertensión.[49],[73],[74] Fomentar las iniciativas estandarizadas de seguimiento y evaluación para prevenir y controlar la hipertensión.[49],[74]-[76] Supervisar los informes nacionales periódicos (trimestrales o anuales) sobre las tasas de control de la hipertensión, y apoyar y promover los esfuerzos para mejorarlas. Basar la alimentación principalmente en una variedad de verduras (especialmente de hojas verdes), frutas, frutos secos, semillas y legumbres.[77] Comer con mayor frecuencia alimentos sin procesar o mínimamente procesados. Elegir las opciones bajas de sodio y no agregar sal a los alimentos. No consumir tabaco. Ser físicamente activas. Alcanzar y mantener un peso corporal saludable. Limitar el consumo de bebidas alcohólicas y evitar exceder las recomendaciones de consumo máximo diario y semanal de alcohol. Controlar la presión arterial regularmente y saber qué valor debería tener. Medir la propia presión arterial. Aprender a obtener mediciones exactas de la presión arterial y saber interpretarlas, en colaboración con el equipo de atención de salud. Abogar por políticas públicas favorables a la salud. Exigir el uso de medicamentos antihipertensivos de alta calidad haciendo hincapié en los que sean de acción prolongada. Estar en contacto con su prestador de atención de salud por medio de herramientas de salud digital y de telefonía móvil validadas. Cuando se receten medicamentos para el tratamiento de la hipertensión, tomarlos regularmente hasta que sean cambiados por un profesional de la salud. Establecer una rutina para la medicación prescrita y supervisar la toma de los medicamentos para lograr el cumplimiento terapéutico. Los recursos de la OMS y RTSL en materia de enfermedades no transmisibles para mejorar el control de la hipertensión pueden consultarse en el Portal conocimientos y acción (https://www.knowledge-action-portal.com/ consultado el 17 de abril del 2019), en LINKS, una comunidad mundial para la salud cardiovascular (https://www.linkscommunity.org/ consultado el 17 de abril del 2019) y en https://www.who.int/cardiovascular_diseases/hearts/en/, (consultado el 3 de junio del 2019). Los recursos educativos y de capacitación en materia de prevención y tratamiento de la hipertensión también están disponibles en el sitio web de la Organización Panamericana de la Salud (https://www.paho.org/hq/index.php?option=com_content&view=article&id=15056:hearts-in-the-americas&Itemid=3465&lang=en, consultado el 3 de junio del 2019) y en el Campus Virtual de Salud Pública (https://mooc.campusvirtualsp.org/enrol/index.php?id=35, consultado el 6 de mayo del 2019). Los recursos de la Liga Mundial de la Hipertensión pueden encontrarse en http://www.whleague.org/ (consultado el 6 de mayo del 2019). Los recursos de la Sociedad Internacional para la Hipertensión pueden encontrarse en http://ish-world.com/index.htm (consultado el 6 de mayo del 2019).

6. UN ENFOQUE CLÍNICO TRANSFORMADOR

7. RECURSOS MUNDIALES SOBRE LAS MEJORES PRÁCTICAS

La presente nota descriptiva y llamado a la acción cuenta con el apoyo de la Liga Mundial de la Hipertensión, la Sociedad Argentina para la Hipertensión, la Oficina Regional de Asia-Pacífico de la Liga Mundial de la Hipertensión, la Oficina Regional del Sur de Asia de la Liga Mundial de la Hipertensión, la Alianza Universitaria Africana de Investigación, el Comité Belga de la Hipertensión, Blue Cross y Blue Shield de Louisiana, la Sociedad Brasileña para la Hipertensión, la Liga Búlgara de la Hipertensión, la Caja Costarricense de Seguro Social, la Fundación para el Corazón de Camerún, la Liga China de la Hipertensión, Colleagues in Care, Hypertension Canada, la Sociedad Europea para la Hipertensión, el Consejo para la Hipertensión de la Sociedad Europea de Cardiología, el Centro de Excelencia Ibadan para las Enfermedades No Transmisibles, la Sociedad India de Hipertensión, el Consejo Internacional de Prevención y Rehabilitación Cardiovascular, la Sociedad Internacional para la Hipertensión, la Sociedad Internacional para el Estudio de la Hipertensión Gestacional, la Sociedad Internacional de Nefrología,la fundación Iraní para el Corazón, el Grupo de la Comisión Lancet para la Hipertensión, la Sociedad Latinoamericana de Nefrología e Hipertensión, la Sociedad Letona para la Hipertensión y la Aterosclerosis, la Sociedad para la Hipertensión de Mongolia, el Comité Técnico Consultivo del Programa de Hipertensión Arterial de Cuba (Ministerio de Salud Pública), el Centro de Excelencia NHMRC de Investigación sobre el Mejoramiento de Resultados Cardiovasculares (Australia), la Fundación Onom (Mongolia), la Sociedad Filipina de Hipertensión, Resolve to Save Lives, la Sociedad Saudí para el Manejo de la Hipertensión, la Sociedad Portuguesa para la Hipertensión, la Oficina Regional de Asia Meridional de la Liga Mundial de la Hipertensión, la iniciativa Stroke Control Innovations de Nigeria, Stroke Investigative Research and Educational Network (SIREN), la Sociedad Sudanesa de Hipertensión, la Sociedad Sueca de Hipertensión, Stroke and Vascular Medicine, la Red de Apoyo de la Asociación de Accidente Cerebrovascular de Ghana, la Sociedad de Taiwán para la Hipertensión, la Sociedad de Taiwán de Cardiología, la Sociedad Tailandesa de Hipertensión, la Escuela de Enfermería de la Universidad de San Pablo en Ribeirão Preto, el Grupo de Acción Mundial sobre la Hipertensión, la Cumbre Mundial de Salud, y World Stroke Organization.

Declaración.

Las opiniones, resultados y conclusiones expresados en este manuscrito son únicamente responsabilidad de los autores y no reflejan necesariamente los criterios ni la política de la RPSP, la Organización Panamericana de la Salud o la Organización Mundial de la Salud.
  58 in total

1.  Protocol-based treatment of hypertension: a critical step on the pathway to progress.

Authors:  Thomas R Frieden; Sallyann M Coleman King; Janet S Wright
Journal:  JAMA       Date:  2014-01-01       Impact factor: 56.272

2.  Heart Disease and Stroke Statistics-2019 Update: A Report From the American Heart Association.

Authors:  Emelia J Benjamin; Paul Muntner; Alvaro Alonso; Marcio S Bittencourt; Clifton W Callaway; April P Carson; Alanna M Chamberlain; Alexander R Chang; Susan Cheng; Sandeep R Das; Francesca N Delling; Luc Djousse; Mitchell S V Elkind; Jane F Ferguson; Myriam Fornage; Lori Chaffin Jordan; Sadiya S Khan; Brett M Kissela; Kristen L Knutson; Tak W Kwan; Daniel T Lackland; Tené T Lewis; Judith H Lichtman; Chris T Longenecker; Matthew Shane Loop; Pamela L Lutsey; Seth S Martin; Kunihiro Matsushita; Andrew E Moran; Michael E Mussolino; Martin O'Flaherty; Ambarish Pandey; Amanda M Perak; Wayne D Rosamond; Gregory A Roth; Uchechukwu K A Sampson; Gary M Satou; Emily B Schroeder; Svati H Shah; Nicole L Spartano; Andrew Stokes; David L Tirschwell; Connie W Tsao; Mintu P Turakhia; Lisa B VanWagner; John T Wilkins; Sally S Wong; Salim S Virani
Journal:  Circulation       Date:  2019-03-05       Impact factor: 29.690

3.  Evidence supporting a systolic blood pressure goal of less than 150 mm Hg in patients aged 60 years or older: the minority view.

Authors:  Jackson T Wright; Lawrence J Fine; Daniel T Lackland; Gbenga Ogedegbe; Cheryl R Dennison Himmelfarb
Journal:  Ann Intern Med       Date:  2014-04-01       Impact factor: 25.391

4.  Potential U.S. Population Impact of the 2017 ACC/AHA High Blood Pressure Guideline.

Authors:  Paul Muntner; Robert M Carey; Samuel Gidding; Daniel W Jones; Sandra J Taler; Jackson T Wright; Paul K Whelton
Journal:  J Am Coll Cardiol       Date:  2017-11-13       Impact factor: 24.094

5.  Benefits of Intensive Blood Pressure Treatment in Patients With Type 2 Diabetes Mellitus Receiving Standard but Not Intensive Glycemic Control.

Authors:  Tetsuro Tsujimoto; Hiroshi Kajio
Journal:  Hypertension       Date:  2018-07-02       Impact factor: 10.190

6.  Monitoring and evaluation framework for hypertension programs. A collaboration between the Pan American Health Organization and World Hypertension League.

Authors:  Norm R C Campbell; Pedro Ordunez; Donald J DiPette; Gloria P Giraldo; Sonia Y Angell; Marc G Jaffe; Dan Lackland; Ramón Martinez; Yamilé Valdez; Javier I Maldonado Figueredo; Melanie Paccot; Maria J Santana; Paul K Whelton
Journal:  J Clin Hypertens (Greenwich)       Date:  2018-05-22       Impact factor: 3.738

7.  Global burden of stroke and risk factors in 188 countries, during 1990-2013: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2013.

Authors:  Valery L Feigin; Gregory A Roth; Mohsen Naghavi; Priya Parmar; Rita Krishnamurthi; Sumeet Chugh; George A Mensah; Bo Norrving; Ivy Shiue; Marie Ng; Kara Estep; Kelly Cercy; Christopher J L Murray; Mohammad H Forouzanfar
Journal:  Lancet Neurol       Date:  2016-06-09       Impact factor: 44.182

8.  Improving cardiovascular health at population level: 39 community cluster randomised trial of Cardiovascular Health Awareness Program (CHAP).

Authors:  Janusz Kaczorowski; Larry W Chambers; Lisa Dolovich; J Michael Paterson; Tina Karwalajtys; Tracy Gierman; Barbara Farrell; Beatrice McDonough; Lehana Thabane; Karen Tu; Brandon Zagorski; Ron Goeree; Cheryl A Levitt; William Hogg; Stephanie Laryea; Megan Ann Carter; Dana Cross; Rolf J Sabaldt
Journal:  BMJ       Date:  2011-02-07

9.  May Measurement Month 2018: a pragmatic global screening campaign to raise awareness of blood pressure by the International Society of Hypertension.

Authors:  Thomas Beaney; Louise M Burrell; Rafael R Castillo; Fadi J Charchar; Suzie Cro; Albertino Damasceno; Ruan Kruger; Peter M Nilsson; Dorairaj Prabhakaran; Agustin J Ramirez; Markus P Schlaich; Aletta E Schutte; Maciej Tomaszewski; Rhian Touyz; Ji-Guang Wang; Michael A Weber; Neil R Poulter
Journal:  Eur Heart J       Date:  2019-07-01       Impact factor: 29.983

10.  Optimizing observer performance of clinic blood pressure measurement: a position statement from the Lancet Commission on Hypertension Group.

Authors:  Raj Padwal; Norm R C Campbell; Aletta E Schutte; Michael Hecht Olsen; Christian Delles; Anthony Etyang; J Kennedy Cruickshank; George Stergiou; Michael K Rakotz; Gregory Wozniak; Marc G Jaffe; Ivor Benjamin; Gianfranco Parati; James E Sharman
Journal:  J Hypertens       Date:  2019-09       Impact factor: 4.844

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