Literature DB >> 33735544

[Clinical implications of the genus Mycoplasma].

D Gómez Rufo, E García Sánchez1, J E García Sánchez, M García Moro.   

Abstract

Within Mycoplasma genus, M. pneumoniae, M. genitalium, M. hominis or U. urealyticum are the main species that have been traditionally linked to infectious processes. However, there are many other species involved in these conditions and that are, frequently, unfamiliar to healthcare professionals. The aim of this review is to identify all Mycoplasma genus species that have been isolated in human beings and to determine their involvement in infectious pathology. ©The Author 2021. Published by Sociedad Española de Quimioterapia. This article is distributed under the terms of the Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International (CC BY-NC 4.0)(https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/).

Entities:  

Keywords:  Mycoplasma spp.; Ureaplasma spp.; clinical implications; diagnosis; mechanisms of pathogenicity; novel species; treatment

Year:  2021        PMID: 33735544      PMCID: PMC8179937          DOI: 10.37201/req/014.2021

Source DB:  PubMed          Journal:  Rev Esp Quimioter        ISSN: 0214-3429            Impact factor:   1.553


INTRODUCCIÓN

El término micoplasma es la forma genérica de referirse a los miembros de la clase Mollicutes, que se caracterizan por la ausencia de pared celular. Estas bacterias poseen un genoma extremadamente reducido, que limita su capacidad de biosíntesis, lo que les obliga a llevar un estilo de vida parásita [1]. En la familia Mycoplasmataceae se sitúan micoplasmas con implicaciones clínicas en el ser humano pertenecientes al género Mycoplasma y Ureaplasma [2]. La primera especie que se demostró que estaba implicada en un brote de pleuroneumonía en ganado vacuno fue aislada en 1898. Por este motivo, la comunidad científica empezó a referirse a ellas como pleuropneumonia-like-organisms (PPLO). Fueron considerados virus hasta 1931, cuando se demostró que formaban pequeñas colonias en las placas de agar. Al microscopio, se observó que presentaban una zona densa de crecimiento central rodeada de una zona periférica más clara, en forma de “huevo frito” [3]. En el año 1937 Dienes y Edsall [4] describen el primer aislamiento en el ser humano, Mycoplasma hominis. Más tarde, en 1954, Shepard [5] aisló un microorganismo que recordaba a los PPLO, pero las colonias eran de menor tamaño, pues carecen de la zona de crecimiento periférica. Por esta razón, se denominan cepas-T, del inglés “tiny”, actualmente conocidas como Ureaplasma spp. En años sucesivos comenzaron a conocerse cada vez más casos de micoplasmas que se aislaban en el ser humano, casi siempre a partir de muestras del tracto respiratorio y genital. El papel patogénico de algunos se refleja rápidamente en especies como Ureaplasma urealyticum, Mycoplasma pneumoniae o Mycoplasma genitalium [6]; mientras en otros, como Myco-plasma fermentans o M. hominis, no se evidencia su patogenicidad hasta varios años después [2]. El diagnóstico microbiológico mediante técnicas de cultivo tradicionales es complicado, ya que requieren condiciones especiales para su crecimiento, tienen un crecimiento lento o no son cultivables in vitro [7-9]. En la actualidad, estas dificultades se han solventado con la introducción de las técnicas moleculares para el diagnóstico microbiológico. Su aplicación ha sido determinante para que cada día se documenten nuevas implicaciones de estas bacterias en patología infecciosa. La experiencia clínica demuestra que el diagnóstico de infección por micoplasmas es, con mucha frecuencia, por exclusión [10] ya que, durante mucho tiempo se pensó que eran oportunistas que afectaban casi siempre a personas inmunocomprometidas. Actualmente, las evidencias indican que muchas infecciones graves ocurren también en personas inmunocompetentes [11, 12]. Los avances en el conocimiento científico que se han producido en los últimos años han venido a aclarar aspectos relevantes de sus mecanismos patogénicos [13-15]. En la revisión se han incluido exclusivamente las especies de Mycoplasma en las que existen casos documentados de aislamientos en humanos.

ESPECIES IMPLICADAS EN PATOLOGÍA HUMANA

. Se aisló por primera vez en 1999, en un paciente con inmunodepresión y bronquitis crónica [16]. Está relacionado filogenéticamente con M. pneumonie [17], siendo muy común la coinfección por ambos. Está considerado un patógeno oportunista [18, 19]. El diagnóstico microbiológico se realiza por PCR ya que el cultivo es lento y laborioso [20]. El tratamiento es similar al utilizado para M. pneumoniae (macrólidos, tetraciclinas y fluoroquinolonas) [21]. . Fue descubierto en 1968. Es un microorganismo asociado tradicionalmente con el mundo animal [22]. Hasta la fecha, se han comunicado 4 casos de infección por M. arginini en humanos: un trabajador de un matadero con infección diseminada mortal en un cuadro de linfoma no Hodgkin avanzado [23], una infección tras un ataque de un león [24], un cuadro de fascitis eosinofílica en un usuario de esteroides y suplementos derivados de origen animal [25] y un paciente inmunodeprimido con linfoma no Hodgkin avanzado que convivía con gatos. Estos animales son el reservorio habitual de M. arginini. Las evidencias analizadas indican que es una enfermedad zoonótica [26, 27] y que afecta con mayor probabilidad a pacientes inmunocomprometidos [28]. La presencia de fiebre, leucopenia, celulitis e infección posquirúrgica han sido los datos más relevantes en los pacientes infectados. El diagnóstico microbiológico se realizó por PCR y cultivo. Los hemocultivos no demostraron sensibilidad [26, 29]. Las tetraciclinas, macrólidos y quinolonas se consideran los antimicrobianos de elección [23, 25, 26]. . En 2015, se informa de una coinfección de M. pneumoniae, M. hominis y M. arthritidis en pacientes con artritis reumatoide [30]. Los estudios de patogenicidad que se han llevado a cabo sugieren que al infectarse por bacteriófago MAV-1, M. arthritidis adquiere una mayor virulencia por activación del superantígeno MAM. Este actúa de forma más efectiva frente a los linfocitos de ratones que frente a los humanos, esto explicaría su baja incidencia en el ser humano [31]. El diagnóstico microbiológico se realizó por PCR y cultivo. No existen evidencias sobre el patrón de sensibilidad de M. arthritidis. . Un único caso documentado en humanos se comunicó en 1979 [32] en una mujer que previamente había estado en contacto con un fertilizante elaborado con estiércol de vaca. No obstante, esta tenía títulos altos de anticuerpos para M. pneumoniae, que acabaron bajando, sugiriendo que M. bovis no causó realmente la infección, sino que la colonizó de forma oportunista; una característica típica de su patogenicidad ya descrita anteriormente en ganado bovino [33]. El diagnóstico microbiológico se realizó mediante cultivo; la PCR sería una alternativa. Las tetraciclinas fueron eficaces clínicamente [33]. . En su día fue descrito como M. orale tipo 2 [34, 35]. Forma parte de la microbiota de la boca [36] y no existen evidencias que indiquen que tiene significación clínica en humanos. El diagnóstico microbiológico se lleva a cabo mediante cultivo o PCR. No se han establecido tratamientos específicos [37]. . El único aislamiento documentado data de 2018, tras mordedura de perro. El diagnostico se realizó en cultivo enriquecido en ambiente microaerófilo, y confirmado por PCR. El paciente no desarrolló un cuadro infeccioso y no se han descrito alternativas terapéuticas [38]. . Es un microorganismo antropozoonótico que se encuentra en el tracto respiratorio superior y urogenital de los perros. En el año 2015 se aisló M. edwardii en un niño con peritonitis polimicrobiana en la que se aislaron M. edwardii, Kingella denitrificans, Actinomyces spp. y Capnocytophaga cynodegmi. Este paciente tenía un perro como mascota. El diagnóstico microbiológico se llevó a cabo mediante cultivo y PCR [39]. . Fue descrito originalmente como M. orale tipo 3 [34], para pasar posteriormente a denominarse M. faucium [35]. Coloniza la orofaringe, siendo más común en personas con defectos sinusales o dentales. También se ha aislado en abscesos cerebrales [40, 41], procesos de gastritis crónica [42] y en abscesos diseminados en paciente con inmunodeficiencia primaria [43]. De las especies del género Mycoplasma, sólo se han aislado M. salivarium y M. faucium en abscesos cerebrales, lo que sugiere que puedan tener un papel patógeno específico [44]. Pertenecen al grupo de micoplasmas hidrolizantes de la arginina que, al producir amoníaco, logran neutralizar el ácido gástrico causando daño tisular [45]. El diagnóstico microbiológico se lleva a cabo mediante PCR y cultivo. Las tetraciclinas, fluoroquinolonas y macrólidos se consideran los antimicrobianos de elección [44, 45]. . Se ha descrito un caso en 1997 en una mujer que es mordida por un gato [46]. Los antecedentes de la paciente son: artritis séptica de rodilla y cadera, hipogammaglobulinemia y tratamiento con de corticoides; condiciones que favorecen la infección por micoplasma [28]. El diagnóstico micro-biológico se realizó mediante cultivo, si bien la PCR debería ser una alternativa válida [47]. El tratamiento se llevó a cabo con ampicilina/sulbactam intravenoso y doxiciclina [46]. . Fue aislado por primera vez a partir de una muestra de mucosa genital [48]. Ha sido asociado a múltiples patologías: artritis reumatoide [49-52], sarcoma de Kaposi [53], enfermedad de Behçet [54], síndrome de distrés respiratorio agudo en el adulto [55], patología de la articulación temporomandibular [56] y síndrome de fatiga crónica [57]. Aunque se pensaba que sólo afectaba a pacientes con VIH-1, se ha comprobado que no era correcta esta apreciación [58-61]. En cuanto a su patogenicidad, poseen capacidad de invasión di-recta [62]. Además, pueden potenciar la apoptosis de células T inducida por concavalina A [63], y contienen una potente fosfoproteína fosfatasa que distorsiona la cascada de transducción normal del hospedador [64]. El diagnóstico microbiológico se realiza mediante PCR y cultivo. Doxiciclina y ciprofloxacino han resultado eficaces en el tratamiento [65, 66]. . Este patógeno, de reservorio humano, fue aislado, en la década de los 80, a partir de muestras del tracto urogenital [67, 68]. Existe una mayor prevalencia en pacientes VIH+ [69]. Está implicado en cuadros de infertilidad en hombres y mujeres [70, 71], uretritis [72], cervitis [73], enfermedad inflamatoria pélvica [74] y conjuntivitis [75]. Puede aparecer en cuadros de coinfección y también ser asintomático [76]. Sethi S et al. [77] han realizado un pormenorizado análisis de los mecanismos patogénicos de M. genitalium. El diagnóstico microbiológico, debido a las dificultades que tiene el cultivo, se lleva a cabo mediante PCR. Los antimicrobianos que se utilizan en el tratamiento son: azitromicina, moxifloxacino y doxiciclina; vigilando las resistencias [78, 79]. Como alternativas se han propuesto pristinamicina y minociclina [80]. . Se ha comunicado un único caso de zoonosis en un paciente VIH+ que convivía con gatos. Fue una coinfección de M. haemofelis con Bartonella henselae. No fue posible determinar el papel de esta bacteria en el cuadro clínico. La PCR es la prueba de elección para el diagnóstico micro-biológico. El tratamiento con doxiciclina fue eficaz [81]. . Fue el primer micoplasma de origen humano en ser aislado [4]. Sus implicaciones clínicas son muy variadas: infección periprotésica [82, 83], artritis séptica [84, 85]; ventriculitis asociada a drenaje extraventricular [86], infecciones genitales femeninas [87, 88], neumonía [89], meningitis postoperatoria [90], meningitis neonatal [91], infección postrasplante [92-94], absceso intramedular [95], absceso pélvico [96], endocarditis [97], mediastinitis, pleuritis y pericarditis postoperatoria [98]; embarazo patológico [99], vaginosis bacteriana [100] y pielonefritis [101]. En cuanto a su patogenicidad, M. hominis posee P50 y P100, que favorecen su adherencia a células eucariotas [102]. Asimismo, se ha descrito una proteína superficial muy inmunogénica (Vaa), que favorece su diseminación entre células. Así mismo, producen toxicidad local por el amoníaco resultante del metabolismo de la arginina; y su invasión de las mucosas se ve facilitada por la producción de proteasas frente a IgA [103]. El diagnóstico microbiológico se realiza mediante PCR y cultivo y el tratamiento con doxiciclina, moxifloxacino y macrólidos [104]. . Se ha asociado a varios tipos de cáncer y a su malignización, sobre todo en el carcinoma gástrico y de pulmón [105-107]. Se ha demostrado que la p37 estimula su capacidad de invasión y metástasis. Estudios de laboratorio evidencian que el uso de anticuerpos frente a p37 consigue inhibir la migración de células tumorales infectadas por M. hyorhinis [106, 108]. El diagnóstico microbiológico se ha realizado mediante PCR y cultivo. . Se ha descrito un único caso de transmisión a un veterinario que presentaba un cuadro autolimitado que cursó con dolor de garganta y rinitis. El diagnóstico se llevó a cabo mediante cultivo y PCR. No fue necesario instaurar un tratamiento con antimicrobianos [109]. . En 1974, DelGiudice et al. [110] proponen esta nueva especie dentro del género Mycoplasma. En este artículo se comunicaron dos aislamientos, uno procedente de la garganta de un paciente con mononucleosis y otro de esputo de un enfermo con neumonía atípica. No se ha vuelto a publicar ningún caso. . El único aislamiento descrito procede del líquido cefalorraquídeo de un paciente inmunodeprimido, que desarrolló una meningitis. Está considerado como una zoonosis ya que en su perro también se aisló M. maculosum. El diagnóstico se llevó a cabo mediante cultivo y PCR. Se ha observado que es resistente a los tratamientos habituales por lo que es necesario realizar pruebas de sensibilidad [111]. . Se aisló en 1964 [112] y ha sido considerado un colonizador de la orofaringe sin implicaciones patogénicas. Sin embargo, se ha aislado en pacientes con leucemia [113, 114], en el líquido sinovial de un paciente con poliartritis [115], en infecciones en pacientes inmunodeprimidos [116, 117] y en sinusitis maxilar crónica [118]. Izutsu et al. [119] sugieren que M. orale interfiere en la regulación de los canales iónicos, reduciendo el número de canales Ca2+ en células submandibu-lares. El diagnóstico microbiológico se realiza mediante PCR. A la hora de abordar el tratamiento es necesario tener en cuenta la situación inmunológica del paciente dado que en situaciones de alteraciones de la inmunidad humoral pueden tener recaídas en la infección al cesar el tratamiento [117]. . Se han comunicado dos casos en veterinarios y personas que trabajan con animales, los dos en coinfección con B. henselae. El diagnóstico microbiológico se realiza mediante PCR. Son de elección doxiciclina o levofloxacino. Se debe asociar rifampicina si existe sospecha de coinfección con B. henselae [120, 121]. . La mayor parte de los aislamientos se han realizado en pacientes VIH+, en los que favorece el desarrollo de sarcoma de Kaposi [122, 123]. También se han comunicado casos de bacteriemias y uretritis en pacientes seronegativos [124-126]. Entre sus mecanismos patogénicos destacan su capacidad para invadir activamente las células del hospedador e inducir la apoptosis de estas mediante la producción de endonucleasas P40 [127]; y su inmunogenicidad se debe a que activan las células T Vγ9/Vδ2 [128]. El diagnóstico microbiológico se realiza mediante PCR y cultivo. Azitromicina, claritromicina, eritromicina y tetraciclinas han sido eficaces en el tratamiento [66]. . Es quizás el único patógeno de reservorio animal que infecta con regularidad a los humanos, concretamente a aquellos que están en contacto con focas. Es el causante del “dedo de foca” [129-131]. El diagnóstico micro-biológico se realiza mediante cultivo y PCR. En el tratamiento se utiliza tetraciclina como antimicrobiano de elección y aureomicina como alternativa [132]. . Se ha aislado en pacientes con SIDA, aunque, de momento, no se conocen sus implicaciones clínicas [122, 133]. Aunque los micoplasmas suelen ser contaminantes de los cultivos se ha comprobado que M. pirum, nunca lo ha sido ni en el procesamiento de muestras procedentes de animales o de flora respiratoria [134]. Los casos descritos parecen indicar que su reservorio es humano. El diagnóstico microbiológico se realiza mediante cultivo y PCR. Es sensible a los macrólidos salvo a eritromicina [66]. . Se trata de un patógeno exclusivamente humano [135]. Sus manifestaciones clínicas se producen mayoritariamente a nivel del tracto respiratorio, las extrapulmonares no son raras y con frecuencia graves. Puede afectar a personas sanas. En pacientes inmunocomprometidos los cuadros son más severos [136, 137]. En cuanto a la infección respiratoria, M. pneumoniae está implicado en la neumonía atípica [138], asma [139, 140], bronquitis crónica [141], distrés respiratorio agudo [142], bronquiolitis obliterante [143], empiema pleural [144] y faringitis aguda en niños [145]. Las manifestaciones extrapulmonares a nivel neurológico se han descrito: encefalitis [146, 147], encefalomielitis diseminada [148], infarto cerebral [149, 150], cerebelitis aguda [151], mielitis transversa y síndrome de Guillain-Barré [152, 153], enfermedad de Weston Hurt [154], necrosis estriatal bilateral reversible [155]; meningitis crónica, hipertensión intracraneal y plexopatía braquial [156, 157]; neurorretinits bilateral [158]; y casos de psicosis en adultos [159]. A nivel dermatológico: urticaria [160], dermatosis pustulosa subcorneal [161], púrpura de Henoch-Schönlein [162], úlcera vulvar [163], eritema multiforme [164] y exantema mucocutáneo inducido por M. pneumoniae [165, 166]. A nivel cardiovascular se han comunicado casos de endocarditis [167], miocarditis [168], pericarditis [169], taponamiento cardíaco [170] y enfermedad de Kawasaki [171]. Se han documentado manifestaciones digestivas como hepatitis, pancreatitis [172, 173, 174] y gastroenteropatía pierde proteínas [175]. A nivel musculoesquelético, se ha aislado en artrosis [176], miositis [177] y rabdomiólisis [178]. En el aparato urogenital, se ha implicado en nefritis intersticial [179], nefropatía IgA [180], glomerulonefritis y síndrome nefrótico [181, 182] y priapismo [183]. También se ha relacionado con enfermedades hematológicas: anemia hemolítica [184, 185], púrpura trombocitopénica trombótica [186], tromboci-topenia inmune [187], mononucleosis infecciosa [172], infarto esplénico [188], coagulación intravascular diseminada [189] y trombocitosis reactiva [190]. Existen evidencias que lo relacionan con casos de conjuntivitis y uveítis [ 191, 192], otitis media [193, 194], pérdida de audición repentina [195], y Síndrome de Grisel [196]. El papel que puede desempeñar M. pneumoniae como agente etiológico de la miringitis bullosa está, en estos momentos, en entredicho [197-200]. He J et al. [201], Waites KB et al. [202] han realizado un pormenorizado análisis de los mecanismos patogénicos de daño directo e indirecto responsables de la patogenicidad de M. pneumoniae. Para realizar el diagnóstico microbiológico es recomendable la PCR que más sensible que la detección de antígenos. La serología es también una buena opción. El cultivo no se usa como diagnóstico rutinario por su lentitud, sin embargo, puede ser muy útil para el diagnóstico de las manifestaciones extrapulmonares ya que proporciona una evidencia directa de la presencia de micoplasmas viables [203]. El tratamiento de elección son los macrólidos, preferiblemente azitromicina a eritromicina, si bien se están documentando resistencias [204]. Como tratamientos alternativos se pueden emplear tetraciclinas y fluoroquinolonas [205]. Están en fase de desarrollo algunas vacunas [206]. . Se ha comunicado un aislamiento a partir de un cordón umbilical y otro en la uretra de una mujer de una muestra obtenida durante la autopsia [48, 207]. No se ha determinado el posible significado clínico de estos aislamientos [208]. . Este micoplasma ha sido aislado en dos ocasiones, ambas en personas con contacto habitual con ratas. En ninguno de los casos aparecieron manifestaciones clínicas. No se ha determinado el posible significado clínico de estos aislamientos [209, 210]. . Tradicionalmente se ha considerado como parte de la flora bucal normal. Sin embargo, se han aislado en: leucoplasia oral [211], infección protésica en paciente con hipogammaglobulinemia [212], liquen plano oral [213], neumonía en una niña con leucemia [214], artritis séptica en un paciente con leucemia linfática crónica [215], artritis en un paciente con hipogammaglobulinemia [216], anemia de Falconi asociada a carcinoma oral [217], empiema pleural [218], absceso cerebral [219], absceso submasetérico [220], alteración de la unión temporomandibular [56], enfermedad respiratoria crónica [221], enfermedad periodontal [222] y en pacientes VIH+ [223]. El diagnóstico microbiológico se realiza mediante cultivo y PCR. Doxiciclina y clindamicina han sido eficaces en el tratamiento de estas infecciones [218, 219]. . Ha sido aislado de muestras de semen y cérvix [224] y en un paciente con gastritis crónica [42]. No se ha determinado el posible significado clínico de estos aislamientos. . En 2007 se comunicaron los primeros casos de aislamiento de M. suis, en trabajadores de granjas de cerdos. Los autores indican que existe una estrecha relación filogenética entre los aislamientos procedentes de los animales y de las personas, lo cual podría sugerir una posible transmisión entre especies. Esta posibilidad deberá comprobarse en investigaciones adicionales [225]. Hasta la fecha, no se ha determinado el posible significado clínico de estos aislamientos. . Está considerado como flora genital humana. Sin embargo, se ha aislado en pacientes inmunodeprimidos [226-228]. También se ha asociado con corioamnionitis [229-231]; vaginosis bacteriana [232]; coinfección con papiloma-virus e infertilidad [233]; neumonía y sepsis en recién nacido [234]; infección de herida esternal [235]; orquitis, artritis séptica y endocarditis en pacientes con linfoma [236]; y uretritis no gonocócica [237]. El diagnóstico microbiológico se realiza mediante cultivo y PCR. Doxiciclina y eritromicina han sido eficaces en el tratamiento de estas infecciones [230]. . Lo más habitual es aislarlo como un patógeno oportunista en pacientes inmunocomprometidos en casos de poliartritis y artritis séptica [238-241]; absceso perifrénico [242], abscesos cerebrales [243], osteomielitis [244, 245], uretritis [246], pielonefritis [247], meningitis postrasplante [248] e infección periprotésica posquirúrgica [249]. También asociado a embarazos de riesgo y complicaciones neonatales [250]; corioamnionitis, enfermedad pélvica inflamatoria, enfermedad pulmonar crónica en pretérminos [251-253], infertilidad [254-256], prostatitis [257] y vaginosis bacteriana [232], bronquiolitis en niños [258], poliartritis séptica en paciente con leucemia linfoblástica aguda [259], empiema pleural en paciente con linfoma B difuso de célula grande [260], artritis séptica en paciente con LES [261], diabetes insípida [262], bacteriemia postquirúrgica [263], coinfección junto a Chlamydia trachomatis en el síndrome de Reiter [264, 265] y piuria estéril [266]. Desde el punto de vista de su patogenicidad es importante la capacidad para producir fosfolipasas A y C que provocan la liberación de ácido araquidónico, que induce la liberación de citocinas proinflamatorias. Así mismo, puede producir proteasas frente a IgA que facilitan la invasión de las mucosas [267]. El diagnóstico microbiológico se realiza mediante cultivo y PCR. Doxiciclina y moxifloxacino son eficaces en el tratamiento de estas infecciones; en embarazadas se debe utilizar eritromicina [1]. En la tabla 1 se reflejan los aspectos más significativos de las diferentes especies del género Mycoplasma que han sido aislados en el hombre.
Tabla 1

Aspectos relevantes de las especies del género Mycoplasma que pueden tener implicaciones clínicas en el hombre.

EspecieAislamiento en el hombreSignificado clínico*Antimicrobianos recomendados
M.amphoriformeMacrólidos, tetraciclinas y fluoroquinolonas [21].
M. argininiTetraciclinas, macrólidos y quinolonas [23, 25, 26].
M. arthritidisNo determinadoNo determinado
M. bovisNo determinadoTetraciclinas [33].
M. buccaleNo determinadoNo determinado
M. canisNo determinadoNo determinado
M. edwardiiNo determinadoNo determinado
M. fauciumTetraciclinas, fluoroquinolonas y macrólidos [44, 45].
M. felisAmpicilina/sulbactam intravenoso y doxiciclina [46].
M. fermentansDoxiciclina y ciprofloxacino [65, 66].
M. genitaliumAzitromicina, moxifloxacino y doxiciclina; [78, 79]. Alternativas pristinamicina y minociclina [80].
M. haemofelisNo determinadoDoxiciclina [81].
M. hominisSiDoxiciclina, moxifloxacino y macrólidos [104].
M. hyorhinisSe ha asociado a varios tipos de cáncer y a su malignización [105, 106, 107].No determinado
M. lipofaciensNo determinado [109].
M. lipophilumNo determinadoNo determinado [110]
M. maculosumEs necesario realizar pruebas de sensibilidad [111].
M. oraleEs necesario tener en cuenta la situación inmunológica del paciente para evitar recaídas [117].
M. ovisDoxiciclina o levofloxacino. Asociar rifampicina si existe sospecha de coinfección con Bartonella henselae [120, 121].
M. penetransAzitromicina, claritromicina, eritromicina y tetraciclinas [66].
M. phocicerebraleTetraciclina. Aureomicina como alternativa [132].
M. pirumEs sensible a los macrólidos salvo a eritromicina [66].
M. pneumoniaeMacrólidos, preferiblemente azitromicina a eritromicina. Se han documentado resistencias [204]. Alternativas: tetraciclinas y fluoroquinolonas [205].
M. primatumNo determinado [208].No determinado [208].
M. pulmonisNo determinado [209, 210].No determinado [209, 210].
M. salivariumDoxiciclina y clindamicina [218, 219].
M. spermatophilumNo determinado [42, 224].No determinado [42, 224].
M. suisNo determinado [225].No determinado [225].
U.parvumDoxiciclina y eritromicina [230].
U. urealyticumDoxiciclina y moxifloxacino; en embarazadas utilizar eritromicina [1].

El significado clínico en el hombre queda reflejado en el texto de la revisión.

Aspectos relevantes de las especies del género Mycoplasma que pueden tener implicaciones clínicas en el hombre. El significado clínico en el hombre queda reflejado en el texto de la revisión.
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1.  [Mycoplasma and Ureaplasma spp. in clinical practice of ano-genital infections].

Authors:  M Fernández-Huerta; O Q Pich; M Espasa
Journal:  Rev Esp Quimioter       Date:  2022-04-29       Impact factor: 2.515

Review 2.  Blood Culture-Negative Infective Endocarditis by Mycoplasma hominis: Case Report and Literature Review.

Authors:  Antonio Bustos-Merlo; Antonio Rosales-Castillo; Fernando Cobo; Carmen Hidalgo-Tenorio
Journal:  J Clin Med       Date:  2022-07-02       Impact factor: 4.964

3.  The treatment of Qibai Pingfei Capsule on chronic obstructive pulmonary disease may be mediated by Th17/Treg balance and gut-lung axis microbiota.

Authors:  Yu Jia; Tiantian He; Di Wu; Jiabing Tong; Jie Zhu; Zegeng Li; Jingcheng Dong
Journal:  J Transl Med       Date:  2022-06-21       Impact factor: 8.440

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