Literature DB >> 35990529

Alfonso J Rodríguez-Morales1, Manuel E Figuera2.   

Abstract

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Year:  2022        PMID: 35990529      PMCID: PMC9384890          DOI: 10.26633/RPSP.2022.109

Source DB:  PubMed          Journal:  Rev Panam Salud Publica        ISSN: 1020-4989


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En los últimos dos años, el mundo y sus diferentes regiones, incluida América Latina, han sufrido la carga y el impacto descomunales de la pandemia de COVID-19, causada por el coronavirus de tipo 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2). Colombia y Venezuela han sido dos países muy afectados.[1,2] A pesar de tener raíces y semejanzas históricas y culturales comunes, la situación de salud en cada país es sumamente distinta, en especial con respecto a las enfermedades infecciosas, tropicales y reemergentes, incluidas las enfermedades prevenibles mediante vacunación. Esas diferencias han aumentado, particularmente en los últimos veinte años. En Colombia, las principales enfermedades infecciosas, como la tuberculosis, la infección por el VIH y la malaria, están razonablemente controladas. La malaria, en particular, ha disminuido mucho a lo largo de los últimos diez años.[3] Por el contrario, los casos de todas estas enfermedades están aumentando en Venezuela, en especial los de malaria. Esto llevó a que el país dejara de ser líder en el control de las enfermedades transmitidas por vectores para convertirse en la nación con la mayor tasa de morbilidad en la Región de las Américas.[4] Las enfermedades prevenibles mediante vacunación, como el sarampión, la difteria, la parotiditis, la tos ferina y la hepatitis A, muestran un panorama similar, con una alta cobertura de vacunación en Colombia y brotes sostenidos por muchos años en Venezuela en la última década.[5] Asimismo, el riesgo y el surgimiento de casos importados de estas enfermedades en Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá y otros países de América Latina y de otras regiones, también aumentaron debido a la migración masiva de venezolanos en la región.[6-8] La llegada de la COVID–19 a América Latina ha agravado las crisis de salud existente en Venezuela. La pandemia de COVID-19 ha requerido diferentes enfoques para la vigilancia, el diagnóstico y el tratamiento, al igual que importantes diferencias en los planes nacionales de vacunación. Por lo tanto, la crisis de la COVID-19 en estos dos países andinos muestra dos caras diferentes de la misma moneda. Tras la notificación el 25 de febrero del 2020 en Brasil del primer caso conocido en América Latina, muchos otros países de la Región detectaron rápidamente casos de infección por SARS–CoV–2 o COVID-19.[9] En Colombia, los casos iniciales se observaron el 6 de marzo del 2020 y, en Venezuela, el 13 de marzo del 2020.[10] Más aún, al surgir la pandemia, Colombia era un país con intenso tránsito aéreo internacional. Por otro lado, en Venezuela, incluso antes de la pandemia, había disminuido considerablemente el número de vuelos internacionales, ya que muchas aerolíneas habían dejado el país y suspendido los vuelos regulares a la capital, Caracas, y a otras ciudades. Además, Venezuela sufre de largas y profundas crisis políticas y económicas que han contribuido a reducir la movilidad interna debido a la escasez de combustible y electricidad, así como a un elevado porcentaje de pobreza.[4,7] Las diferencias en los viajes internacionales y en la movilidad de la población posiblemente favorecieron la rápida propagación de la COVID-19 en Colombia y una propagación más lenta en Venezuela. Es importante señalar los beneficios paradójicos de la crisis de las aerolíneas y las dificultades económicas en Venezuela. Asimismo, se sospechó desde el principio que las cifras de vigilancia y notificación de los casos de COVID-19 en Venezuela no eran exactas, una situación similar a las brechas en la recopilación de datos de muchas otras enfermedades transmisibles de notificación obligatoria que no están al alcance público. Esto contrasta con Colombia y otros países, donde los principales indicadores epidemiológicos pueden consultarse en línea (www.ins.gov.co). Gracias a su larga trayectoria de vigilancia por las autoridades de salud pública de las enfermedades infecciosas tropicales, Colombia ha manejado las dificultades de implementar las recomendaciones principales para la vigilancia de la COVID-19, promovidas por la Organización Mundial de la Salud, por conducto de los Institutos Nacionales de Salud.[11] Además, Colombia estableció rápidamente laboratorios de diagnóstico molecular y fue el primer país de América Latina que tuvo la prueba de la reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (RT-PCR, por su sigla en inglés) para el SARS-CoV-2. Al 13 de octubre del 2021, Colombia había recogido 16,5 millones de muestras para realizar RT-PCR para el SARS-CoV-2 y 9,5 millones de muestras para pruebas de antígenos (disponibles en todos los departamentos del país), y había instalado 21 laboratorios en todo el país con capacidad de secuenciación genómica. En Venezuela, hasta noviembre del 2020, el diagnóstico molecular estaba disponible en solo cinco laboratorios públicos de referencia, lo que limitaba la capacidad de diagnóstico en ese país.[12] Otro aspecto importante que debe tenerse en cuenta es la capacidad de la red hospitalaria en estos dos países y cómo se ha adaptado para hacer frente a la pandemia actual. Cuando los casos aumentaron en marzo del 2020 y fue necesario hospitalizar a los pacientes, Colombia tenía 43 935 camas de hospital y 5346 camas en las unidades de cuidados intensivos (UCI). En agosto del 2020, esta capacidad aumentó hasta 83% en el caso de las camas en las UCI, con lo cual Colombia pasó a ser el país latinoamericano con mayor número de camas en las UCI por 100 000 habitantes en ese momento. Además, para brindar apoyo a la atención adecuada a los pacientes críticos por COVID-19, Colombia adquirió 6313 respiradores y capacitó a 45 000 trabajadores de salud en la atención de los pacientes en cuidados intensivos.[13] Lamentablemente, la situación al otro lado de la frontera con Venezuela contrastaba enormemente. Al comienzo de la pandemia, las autoridades venezolanas notificaron que había 23 000 camas de hospital y 1200 camas en las UCI para pacientes con COVID-19, aunque las estimaciones más realistas informadas por el personal de salud indicaban solo 80 camas de UCI en todo el país. El gobierno venezolano designó 46 hospitales para responder a la crisis. Según las autoridades, estos hospitales estaban totalmente equipados, pero esto fue negado por el personal de estos mismos centros de salud, que indicó que la mitad no podían cumplir con las condiciones asépticas y antisépticas y no estaban equipados con guantes, mascarillas y jabón. Por otro lado, 30% y 40% de los establecimientos informaron problemas en los servicios de agua y electricidad, respectivamente.[14] En cuanto a la vacunación, Colombia inició su programa en marzo del 2021, Venezuela en junio del 2021. Hasta octubre del 2021, solo un 36% de la población colombiana había sido vacunada completamente con alguna de las cinco vacunas diferentes disponibles, mientras que solo 22% de los venezolanos habían recibido alguna de las tres vacunas disponibles (figura 1).
FIGURA 1.

COVID-19: a) casos por millón de habitantes a lo largo del tiempo, y b) proporción de personas totalmente vacunadas: Colombia y Venezuela

Por último, es importante mencionar que Colombia ha estado enfrentando la crisis humanitaria causada por la migración de venezolanos antes de la pandemia. Esto incluyó un plan nacional en cooperación con organizaciones nacionales e internacionales para integrar a los venezolanos en la respuesta nacional a la COVID-19 mediante el acceso a la atención médica, sin tener en cuenta su situación migratoria, además de incluirlos en los programas de apoyo económico. El plan incluyó la aplicación de protocolos de bioseguridad en los corredores humanitarios establecidos en la frontera con Venezuela; atención a los inmigrantes en situación irregular por medio de los mecanismos de emergencia ofrecidos por las autoridades locales; fortalecimiento de los programas de cooperación para proporcionar vivienda, refugio y alimentos a los refugiados y migrantes; y la inscripción de migrantes vulnerables en los programas de asistencia gubernamental con un énfasis particular en los departamentos fronterizos.[15] Las diferencias en la situación y la respuesta a la COVID-19 entre Colombia y Venezuela nos muestran las dos caras de la moneda. Hasta ahora, Colombia ha logrado, con la ayuda internacional y el esfuerzo de las autoridades nacionales de salud y del personal de salud, adaptar su sistema de salud y atender las exigencias planteadas por esta crisis. Entretanto, la situación en su país vecino se ha visto exacerbada por un gobierno que niega sus crisis internas políticas y sociales. Sacar conclusiones más precisas sobre el estado de la situación sería arriesgado, ya que acceder a datos estadísticos exactos sobre la pandemia de COVID-19 parece imposible. Esperemos que ambos países colaboren más estrechamente en cualquier crisis futura en materia de salud.
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1.  Consequences of Venezuela's massive migration crisis on imported malaria in Colombia, 2016-2018.

Authors:  Alfonso J Rodríguez-Morales; José Antonio Suárez; Alejandro Risquez; Wilmer E Villamil-Gómez; Alberto Paniz-Mondolfi
Journal:  Travel Med Infect Dis       Date:  2019-02-23       Impact factor: 6.211

2.  The current syndemic in Venezuela: Measles, malaria and more co-infections coupled with a breakdown of social and healthcare infrastructure. Quo vadis?

Authors:  Alfonso J Rodríguez-Morales; José Antonio Suárez; Alejandro Risquez; Lourdes Delgado-Noguera; Alberto Paniz-Mondolfi
Journal:  Travel Med Infect Dis       Date:  2018-10-14       Impact factor: 6.211

Review 3.  Venezuela's public health crisis: a regional emergency.

Authors:  Kathleen R Page; Shannon Doocy; Feliciano Reyna Ganteaume; Julio S Castro; Paul Spiegel; Chris Beyrer
Journal:  Lancet       Date:  2019-03-11       Impact factor: 79.321

4.  Effects of Political Instability in Venezuela on Malaria Resurgence at Ecuador-Peru Border, 2018.

Authors:  Robinson Jaramillo-Ochoa; Rachel Sippy; Daniel F Farrell; Cinthya Cueva-Aponte; Efraín Beltrán-Ayala; Jose L Gonzaga; Tania Ordoñez-León; Fernando A Quintana; Sadie J Ryan; Anna M Stewart-Ibarra
Journal:  Emerg Infect Dis       Date:  2019-04-17       Impact factor: 6.883

5.  The arrival of SARS-CoV-2 in Venezuela.

Authors:  Alberto E Paniz-Mondolfi; Emilia M Sordillo; Marilianna C Márquez-Colmenarez; Lourdes A Delgado-Noguera; Alfonso J Rodriguez-Morales
Journal:  Lancet       Date:  2020-05-04       Impact factor: 79.321

6.  COVID-19 in Latin America: The implications of the first confirmed case in Brazil.

Authors:  Alfonso J Rodriguez-Morales; Viviana Gallego; Juan Pablo Escalera-Antezana; Claudio A Méndez; Lysien I Zambrano; Carlos Franco-Paredes; Jose A Suárez; Hernan D Rodriguez-Enciso; Graciela Josefina Balbin-Ramon; Eduardo Savio-Larriera; Alejandro Risquez; Sergio Cimerman
Journal:  Travel Med Infect Dis       Date:  2020-02-29       Impact factor: 6.211

7.  Implementing COVID-19 surveillance through inter-organizational coordination: a qualitative study of three cities in Colombia.

Authors:  Simon Turner; Carolina Segura; Natalia Niño
Journal:  Health Policy Plan       Date:  2022-02-08       Impact factor: 3.344

8.  Successful recovery of COVID-19 pneumonia in a patient from Colombia after receiving chloroquine and clarithromycin.

Authors:  José Millán-Oñate; William Millan; Luis Alfonso Mendoza; Carlos Guillermo Sánchez; Hugo Fernandez-Suarez; D Katterine Bonilla-Aldana; Alfonso J Rodríguez-Morales
Journal:  Ann Clin Microbiol Antimicrob       Date:  2020-04-24       Impact factor: 3.944

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