Literature DB >> 28935381

[Sexist attitudes and recognition of abuse in young couples].

Vanesa García-Díaz1, Alberto Lana-Pérez2, Ana Fernández-Feito1, Carolina Bringas-Molleda3, Luis Rodríguez-Franco4, F Javier Rodríguez-Díaz5.   

Abstract

AIM: To explore the association between gender-role attitudes and the recognition of abuse among adolescents and young adults during dating relationships.
DESIGN: Cross-correlation study. LOCATION: 57 schools of secondary education, vocational education and university in five provinces of Spain (Huelva, Seville, A Coruña, Pontevedra and Asturias). PARTICIPANTS: 4,337 students aged between 15 and 26 years (40.6% males and 59.4% female) who had a dating relationship that lasted more than a month. MAIN MEASUREMENTS: The Gender Role Attitudes Scale was used, which consists of 20 indicators of egalitarian or sexism attitudes at the family, social and occupational level. The students also reported whether they suffered from recognized abuse (RA), unperceived abuse (UPA), or not abused (NA).
RESULTS: In the whole sample, 68.6% declared themselves NA, 26.4% were under a situation of UPA, and 5.0% were RA. The RA group was more frequent among the females (6.3%), ≥18 years (6.4%) and university students (6.9%). UPA was more common in males (30.2%). The most sexist attitudes were found in the occupational dimension and especially in men and adolescents (15-17 years). Less sexist attitudes were associated with a lower probability of experiencing UPA (odds ratio=.71; P-trend<.001).
CONCLUSIONS: Sexism seems to hinder the recognition of abuse. Achieving gender equity in adolescence and youth is imperative. Public health efforts should focus on men, as they constitute the group with more sexist attitudes and with higher prevalence of UPA.
Copyright © 2017 Elsevier España, S.L.U. All rights reserved.

Entities:  

Keywords:  Actitud; Adolescent; Adolescentes; Adulto joven; Attitude; Interpersonal relations; Intimate partner violence; Relaciones interpersonale; Sexism; Sexismo; Violencia de pareja; Young adult

Mesh:

Year:  2017        PMID: 28935381      PMCID: PMC6836904          DOI: 10.1016/j.aprim.2017.04.001

Source DB:  PubMed          Journal:  Aten Primaria        ISSN: 0212-6567            Impact factor:   1.137


Introducción

La violencia en las relaciones de pareja es un problema crónico de salud pública en todo el mundo. La violencia durante el noviazgo juvenil ha sido menos estudiada que en adultos, pero su frecuencia es igualmente elevada. A nivel internacional, la prevalencia de cualquier forma de violencia en las relaciones de noviazgo juvenil oscila entre el 6 y el 86%2, 3, 4, 5, 6, ya que depende en gran medida del tipo de violencia considerada. Por ejemplo, entre un 30 y un 40% de las personas jóvenes sufren algún tipo de violencia física por parte de su pareja7, 8. También es preocupante el escaso reconocimiento de esta violencia, ya que este debería ser el primer paso hacia el apropiado manejo de la situación. Diversos estudios muestran que entre un 70 y un 80% de las mujeres receptoras de abusos no se perciben como víctimas6, 9. En los adolescentes y jóvenes el reconocimiento del maltrato es más difícil, ya que comportamientos abusivos pueden ser erróneamente interpretados como conductas románticas (p. ej., celos). También porque en este grupo de edad es más frecuente la violencia de tipo psicológico. Además, el reconocimiento de conductas sexistas disminuye cuando el autor es la pareja o existe una atracción por esa persona11, 12. Los datos acerca de la frecuencia de la violencia sufrida por los hombres son escasos, pero se sabe que ambos sexos pueden desempeñar un rol tanto de agresor como de víctima dentro de una relación violenta, mostrando de esta forma su carácter bidireccional13, 14. Algunos estudios han encontrado niveles similares de exposición al maltrato en mujeres y hombres15, 16, 17, aunque evidentemente las consecuencias del maltrato pueden ser muy diferentes en función del sexo. Según López-Cepero et al., en España el 3,6% de los hombres y el 7,9% de las mujeres se han sentido víctimas de maltrato durante alguna relación de noviazgo juvenil; sin embargo, el porcentaje de violencia no percibida fue significativamente superior en los hombres que en las mujeres. En los países occidentales las formas tradicionales de sexismo son ya poco habituales, pero las conceptualizaciones del sexismo basadas en las diferencias biológicas han evolucionado hacia otras formas más suaves, llamado sexismo benevolente11, 19. En cualquier caso, las actitudes sexistas que apoyan los roles de género, sean hostiles o benevolentes, tienen un papel central en el mantenimiento de las desigualdades por sexo y de la violencia en la pareja20, 21, 22. Desde la perspectiva de la teoría del aprendizaje social, estas actitudes sexistas se desarrollan a partir de experiencias e influencias de género de la familia, los compañeros, las normas sociales e instituciones23, 24. La adolescencia y primera juventud es una etapa crucial en el desarrollo de estas actitudes. La hipótesis de nuestro estudio fue que las actitudes sexistas podrían dificultar el reconocimiento del maltrato durante las relaciones de noviazgo juvenil. El objetivo fue explorar la asociación entre las actitudes de rol de género y el reconocimiento del maltrato en jóvenes de ambos sexos.

Material y métodos

Diseño del estudio y participantes

Estudio transversal de asociación. La muestra estuvo compuesta por estudiantes de ambos sexos reclutados en 57 centros de educación secundaria, formación profesional y universitaria de España. La elección de los participantes se realizó en dos etapas. Primero se seleccionaron de forma oportunista 5 provincias de España (Huelva, Sevilla, A Coruña, Pontevedra y Asturias) según la posibilidad de contar en cada una de ellas con un miembro del equipo de investigación que actuara como facilitador en los centros educativos. Después, en cada provincia, se seleccionaron al azar los centros educativos necesarios, es decir, hasta que estuvieron representados los 3 niveles educativos requeridos para esta investigación (educación secundaria, formación profesional y universidad). Posteriormente, se solicitó la participación de los centros mediante la presentación del estudio a sus representantes. Tras la aprobación por la dirección del centro, se procedió a la administración colectiva de los cuestionarios al alumnado de manera presencial en el aula, que fue previamente informado sobre los objetivos de la investigación y la garantía de confidencialidad de los datos. Todos los estudiantes incorporados otorgaron consentimiento informado verbal y participaron voluntariamente. Además, se contó con el consentimiento por delegación de los responsables del centro. El estudio cumplió con la legislación vigente en materia de investigación y de protección de datos, y siguió los principios de la Declaración de Helsinki. Fue criterio de selección tener o haber tenido una relación de pareja durante al menos un mes. Se informó de la participación bajo este criterio antes de iniciar la distribución de los cuestionarios.

Instrumentos y variables

El instrumento de recogida de información constó de 3 partes. En la primera se recogió información demográfica básica. Específicamente el sexo, la edad (en años) y el máximo nivel educativo alcanzado (secundaria, formación profesional o universidad). Seguidamente, se administró la Escala de Actitudes de Rol de Género (EARG), consistente en 20 ítems que reflejan diferentes opiniones y creencias igualitarias o sexistas que las personas tienen sobre el rol que hombres y mujeres desempeñan en la sociedad, tanto a nivel familiar (6 ítems) como social (8 ítems) y laboral (6 ítems). Esta escala tiene un formato Likert, con 5 alternativas de respuesta, que oscila entre 0 (totalmente en desacuerdo) y 4 (totalmente de acuerdo). La EARG se compone de un factor que mide globalmente el igualitarismo de las personas, llamado por nosotros actitud total, que es el resultado de sumar 3 factores intermedios: actitud familiar, actitud social y actitud laboral. Los rangos posibles de puntuaciones son: de 0 a 80 puntos para la actitud total, de 0 a 24 puntos para la actitud familiar, de 0 a 32 puntos para la actitud social y de 0 a 24 puntos para la actitud laboral. En todos los casos, una menor puntuación indica mayor sexismo y una mayor puntuación representa una actitud más igualitaria. De acuerdo con el estudio de validación de la EARG, la fiabilidad de la puntuación total es de 0,99. Por último, con el objetivo de conocer la percepción de maltrato de cada uno de los jóvenes se les formularon 3 preguntas relativas a su relación interpersonal afectiva de pareja: ¿Te has sentido maltratado/a? ¿Sientes o has sentido miedo alguna vez de tu pareja? ¿Te sientes o te has sentido atrapado/a en tu relación?, disponiendo de dos alternativas de respuesta: sí y no. Así, se creó una variable de 3 categorías. Por un lado, un grupo compuesto por aquellos que referían haber sufrido maltrato (maltrato percibido [MP]), resultado de la respuesta afirmativa a la primera pregunta. Una segunda agrupación, que hemos denominado maltrato no percibido (MNP), que incluye aquellos jóvenes que declararon no sentirse maltratados/as, pero que sin embargo sí habían sentido miedo y/o se habían sentido atrapados/as alguna vez en su relación de pareja. Y, finalmente, una tercera clasificación referida a los que no se consideraron maltratados/as (NM), resultante de una respuesta negativa a cada una de las 3 preguntas anteriores.

Análisis de los datos

Dado que las puntuaciones de las escalas que miden las actitudes siguieron una distribución no normal (p < 0,001 para la prueba de Kolmogorov-Smirnov), se compararon las medianas de estas puntuaciones según el sexo y los grupos de edad (< 18 y ≥ 18 años) utilizando la prueba U de Mann-Whitney para muestras independientes. También se compararon estas puntuaciones en función del nivel de estudios (secundaria, formación profesional y universidad) con la prueba de Kruskal-Wallis de comparaciones múltiples. Para explorar la asociación entre las actitudes (modeladas en terciles) y el tipo de maltrato se realizaron regresiones logísticas multinomiales ajustadas por sexo, edad y nivel de estudios, con los sujetos NM como categoría de referencia. En todos los casos, para estudiar la posible relación dosis-respuesta (p de tendencia) entre las actitudes de rol de género y la probabilidad de reconocimiento del maltrato, se repitieron los análisis de regresión modelando la actitud como una variable cuantitativa. Los análisis fueron realizados con el paquete estadístico SPSS v22.0 (IBM Corp). Solo se consideraron estadísticamente significativos aquellos valores de p < 0,05. Esquema general del estudio: selección de participantes.

Resultados

De los 4.967 estudiantes que respondieron a la encuesta, se eliminaron 630 por carecer de información referida a alguna de las variables del estudio, por lo que la muestra final estuvo compuesta por 4.337 estudiantes de España con edades comprendidas entre los 15 y 26 años. La edad media fue de 17,91 años (desviación estándar = 2,02). El 52,5% eran menores de 18 años y el 40,6% eran varones. En relación con el nivel educativo, 2.563 estudiantes (59,1%) estaban cursando enseñanza secundaria obligatoria. En cuanto a la percepción de maltrato, 2.977 (68,6%; intervalo de confianza al 95% [IC95%]: 67,3-70,0) personas se declararon NM, el 26,4% (IC95%: 25,1-27,7) vivieron en alguna ocasión una situación de MNP y el 5,0% (IC95%: 4,4-5,7) reconocieron haber sufrido MP por parte de su pareja. Como se puede observar en la tabla 1, el MP fue más frecuente en las mujeres (p < 0,001), los/as ≥ 18 años (p < 0,001) y el alumnado universitario (p = 0,013). Por otro lado, los hombres (p < 0,001) y estudiantes ≥ 18 (p = 0,002) vivieron con más frecuencia situaciones de MNP (tabla 1).
Tabla 1

Distribución de los tipos de maltrato según sexo, edad y nivel de estudios

NMMPMNP
Sexo, n (%)
 Mujer1.802 (70,0)161 (6,3)612 (23,8)
 Hombre1.175 (66,7)55 (3,1)532 (30,2)
 p-valor0,022< 0,001< 0,001



Edad, n (%)
 15-17 años1.637 (71,9)85 (3,7)555 (24,4)
 18-26 años1.340 (65,0)131 (6,4)589 (28,6)
 p-valor< 0,001< 0,0010,002



Nivel de estudios, n (%)
 Secundaria1.790 (69,8)111 (4,4)662 (25,8)
 Formación profesional662 (68,7)49 (5,1)252 (26,2)
 Universitarios525 (64,7)56 (6,9)230 (28,4)
 p-valor0,0230,0130,355

MNP: maltrato no percibido; MP: maltrato percibido; NM: no maltrato.

Distribución de los tipos de maltrato según sexo, edad y nivel de estudios MNP: maltrato no percibido; MP: maltrato percibido; NM: no maltrato. En el conjunto de la muestra, la mediana (tercil 1-tercil 2) de la puntuación de la escala actitud total fue 62 (54-67) puntos. Las puntuaciones de las escalas parciales fueron: 20 (17-21) puntos en actitud familiar, 25 (23-28) puntos en actitud social y 17 (14-19) puntos en actitud laboral, siendo esta última la escala en la que las personas se mostraron más sexistas (tabla 2). En todas las escalas, la mediana de la puntuación fue significativamente mayor en las mujeres, en las personas ≥ 18 años y que estudiaban en la universidad (tabla 2).
Tabla 2

Puntuaciones en las diferentes escalas de actitudes según sexo, edad y tipo de maltrato

Actitud totalaActitud familiaraActitud socialaActitud laborala
Toda la muestra, Md (T1-T2)62 (54-67)20 (17-21)25 (23-28)17 (14-19)



Sexo, Md (T1-T2)
 Mujer67 (62-70)21 (19-22)27 (25-29)19 (16-20)
 Hombre54 (48-59)17 (15-19)23 (21-25)13 (11-16)
 p-valor< 0,001< 0,001< 0,001< 0,001



Edad, Md (T1-T2)
 15-17 años61 (52-66)19 (16-21)25 (22-27)16 (13-19)
 18-26 años63 (56-68)20 (18-22)26 (24-28)17 (14-19)
 p-valor< 0,001< 0,001< 0,001< 0,001



Nivel de estudios, Md (T1-T2)
 Secundaria61 (52-66)19 (16-21)25 (22-27)16 (13-19)
 Formación profesional59 (54-64)19 (17-21)25 (23-27)16 (13-18)
 Universidad68 (63-72)21 (20-23)28 (26-29)19 (16-21)
 p-valor< 0,001< 0,001< 0,001< 0,001

Md: mediana; T1: tercil 1; T2: tercil 2.

Rango posible de actitudes: total = 0-80 puntos; familiar = 0-24 puntos; social = 0-32 puntos; laboral = 0-24 puntos.

Puntuaciones en las diferentes escalas de actitudes según sexo, edad y tipo de maltrato Md: mediana; T1: tercil 1; T2: tercil 2. Rango posible de actitudes: total = 0-80 puntos; familiar = 0-24 puntos; social = 0-32 puntos; laboral = 0-24 puntos. Según los resultados de las regresiones multinomiales y en el conjunto de la muestra, tuvieron significativamente menos probabilidad de vivir una situación de MNP los sujetos más igualitarios, es decir, las personas que se situaron en el tercil 3 de la escala actitud total con respecto a las personas situadas en el tercil 1 (odds ratio [OR] = 0,78; IC95%: 0,65-0,95) (tabla 3). Esta asociación inversa entre igualitarismo y vivir una situación de MNP se mantuvo cuando se consideró cualquier subescala de la actitud, aunque especialmente en la actitud laboral: OR = 0,83 (IC95%: 0,70-0,98) en las personas del tercil 2 y OR = 0,71 (IC95%: 0,62-0,93) en las personas del tercil 3 (tabla 3). En todas estas asociaciones se encontró una relación dosis-respuesta entre la actitud y el MNP, de forma que cuanto mayor fue la puntuación en la escala EARG, menor fue la probabilidad de vivir una situación de MNP (p-tendencia < 0,05 en todos los casos).
Tabla 3

Odds ratio (intervalos de confianza al 95%)a de la asociación entre tipos de maltrato y terciles de cada una de las escalas de actitud

Tercil 1Tercil 2Tercil 3p-tendencia
Actitud total
 MP1,000,86 (0,60-1,24)0,91 (0,62-1,31)0,631
 MNP1,000,89 (0,75-1,05)0,78 (0,65-0,95)0,011



Actitud familiar
 MP1,000,79 (0,55-1,13)0,93 (0,66-1,32)0,739
 MNP1,000,96 (0,81-1,13)0,82 (0,68-0,98)0,032



Actitud social
 MP1,001,07 (0,76-1,50)0,99 (0,68-1,45)0,881
 MNP1,000,95 (0,81-1,11)0,75 (0,62-0,91)0,006



Actitud laboral
 MP1,000,88 (0,63-1,24)0,72 (0,50-1,03)0,072
 MNP1,000,83 (0,70-0,98)0,71 (0,62-0,93)< 0,001

MNP: maltrato no percibido; MP: maltrato percibido; NM: no maltrato.

Regresión logística multinomial con NM como categoría de referencia y ajustado por sexo, edad y nivel de estudios (secundaria, formación profesional o universidad).

Odds ratio (intervalos de confianza al 95%)a de la asociación entre tipos de maltrato y terciles de cada una de las escalas de actitud MNP: maltrato no percibido; MP: maltrato percibido; NM: no maltrato. Regresión logística multinomial con NM como categoría de referencia y ajustado por sexo, edad y nivel de estudios (secundaria, formación profesional o universidad).

Discusión

Según los resultados de este estudio, tener actitudes de género más igualitarias se asoció con menor probabilidad de vivir situaciones de MNP. Dado el elevado porcentaje de jóvenes que sufren MNP, lograr un cambio en las actitudes sexistas es una prioridad en salud pública. De las 3 actitudes de género consideradas, la actitud laboral es la que parece estar más asociada con el reconocimiento del maltrato durante las relaciones de noviazgo juvenil. Es bien sabido que, en términos generales, los varones están más de acuerdo con las creencias discriminatorias según sexo y que tienden a justificar la violencia en mayor medida que las mujeres26, 27. De la misma manera, tampoco es extraño encontrar que los jóvenes de mayor edad tengan actitudes menos sexistas, fundamentalmente porque este grupo está en su mayoría compuesto por aquellos que estudian en la universidad, y es un hallazgo recurrente en la literatura científica que el nivel de estudios se asocia con una actitud de género menos tradicional. Según nuestros resultados, las actitudes de género juegan un papel determinante en el reconocimiento de situaciones de maltrato, de forma que tener una actitud igualitaria disminuye la probabilidad de vivir una situación de MNP, o dicho de otro modo, las actitudes sexistas podrían dificultar el reconocimiento del maltrato en los/as jóvenes. En este mismo sentido, Koepke et al. encontraron que, en general, las actitudes sexistas pueden propiciar la aprobación de la conducta del agresor por parte de las víctimas. Además, Nagamatsu et al., en un estudio muy similar al nuestro, encontraron que los jóvenes que tenían más conocimientos acerca de la violencia durante el noviazgo y que creían en la igualdad en las relaciones tenían más habilidad para reconocer los signos de la violencia en la pareja. Con respecto al estudio de la asociación entre el tipo concreto de actitud de género y el reconocimiento del maltrato, aunque todos los resultados van en la misma dirección, el referido a la actitud laboral es el de mayor magnitud y el más consistente en los análisis. Probablemente, de los 3 tipos de actitudes de género que mide la escala utilizada en nuestro estudio, la actitud laboral es la que está más larvada en la sociedad y la más resistente al cambio. Específicamente durante la juventud, tener actitudes o aspiraciones laborales contrarias a la norma social para su género (p. ej., un chico que desea ser enfermero) les obliga a un distanciamiento de estas normas y a un rechazo general del sexismo. Por último, también es importante recordar que la muestra estuvo formada únicamente por estudiantes, con a priori escaso o nulo contacto con el medio laboral, por lo que sus actitudes laborales pueden reflejar una mezcla de la actitud social y la actitud familiar. No obstante, dado que es en la esfera laboral donde actualmente persisten más ideas estereotipadas según el género y más aceptadas por hombres y mujeres, parece razonable diseñar actuaciones específicas para desterrar determinados prejuicios laborales. En general, son necesarias intervenciones comunitarias que favorezcan un ambiente de igualdad y de rechazo de la violencia en todos los niveles. Específicamente en el caso de estudiantes, una medida concreta e ineludible debería ser instar a las instituciones educativas al desarrollo de currículos y programas formativos que garanticen la equidad de género, ya que las actitudes sexistas continúan siendo normativas. También sería importante incorporar en el proceso otros actores importantes, como familia y profesionales sanitarios. De acuerdo con la literatura científica previa y con los resultados de nuestro estudio, es importante ejecutar estas estrategias de favorecimiento de roles igualitarios desde edades tempranas y darles continuidad en el tiempo. También deberían ser convenientemente dirigidas a cada género, ya que el impacto emocional, las actitudes y la percepción del maltrato pueden ser diferentes en chicos y en chicas. En cualquier caso, el principal interés de nuestros hallazgos se centra en que el logro de una sociedad más igualitaria podría contribuir al reconocimiento de las situaciones de maltrato, y esto teóricamente tendría mayor impacto en aquellos grupos en que confluyen una mayor frecuencia de MNP y actitudes más sexistas, es decir, en los varones. Además, entendemos que también contribuye a explicar los controvertidos resultados de algunas investigaciones recientes. Diversos estudios han encontrado que las formas más sutiles de sexismo se relacionan con mayor satisfacción vital y felicidad en las relaciones de pareja tanto en hombres como en mujeres36, 37. Una hipótesis tentativa para ese fenómeno es que las personas sexistas no perciben adecuadamente las situaciones de maltrato, por lo que son menos permeables a las consecuencias negativas de la vivencia. Nuestro estudio presenta algunas limitaciones. Primero, se trata de un diseño transversal en el que las asociaciones encontradas no implican necesariamente causalidad. Segundo, los resultados pueden estar afectados por un sesgo de información si los encuestados proporcionaron respuestas de complacencia o no se tomaron en serio el objeto de la investigación. Tercero, la información disponible de los participantes no permitió determinar si todos los niveles socioeconómicos estuvieron convenientemente representados, aunque es esperable que la elección aleatoria de los centros lograra cierta representatividad. Cuarto, a pesar de que la utilidad y la validez de la EARG están probadas para la puntuación total, no está garantizada la validez de utilizar por separado la puntuación parcial de cada una de las actitudes que la componen. En conclusión, entre las personas jóvenes de España las actitudes de género más igualitarias se asociaron significativamente con una menor vivencia de situaciones de MNP. Dado que una actitud igualitaria podría incrementar el reconocimiento del maltrato y que este es el primer paso para el manejo terapéutico de la situación, parece razonable fomentar la equidad de género durante la adolescencia y primera juventud, especialmente entre aquellos grupos en los que el MNP es más frecuente (los varones y los de mayor edad) y en la esfera laboral.

Lo conocido sobre el tema

La violencia durante el noviazgo es un fenómeno de gran magnitud en las parejas jóvenes. La forma de relación durante el noviazgo juvenil configura en gran medida las relaciones de pareja durante la etapa adulta. Muchas personas maltratadas en el contexto de una pareja no se reconocen como víctimas de violencia, y el reconocimiento es fundamental para su abordaje. Las actitudes sexistas juegan un papel importante en el mantenimiento de los roles de género que tradicionalmente justifican la violencia en la pareja y se desarrollan a partir de vivencias familiares, laborales o de tipo social.

Qué aporta este estudio

Mantener actitudes igualitarias favorece la identificación de situaciones de maltrato durante las relaciones de noviazgo juvenil. Este aspecto es muy importante ya que uno de cada cuatro jóvenes vivía una situación de violencia no percibida. Específicamente, una actitud sexista en el medio laboral parece ser la que más dificulta el reconocimiento del maltrato. Es fundamental la promoción de las actitudes igualitarias desde todos los ámbitos, incluyendo el educativo y el sanitario. Los varones podrían constituir el grupo de mayor interés, dado que en ellos encontramos actitudes más sexistas y mayor prevalencia de maltrato no percibido.

Financiación

Investigación financiada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de España (Proyecto SUBINMU012/009) y por la Universidad de Oviedo/Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Principado de Asturias (UO-15-INVES-32).

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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