Literature DB >> 28844478

[Descriptive and comparative study of cardiovascular risk factors and physical activity in patients with acute coronary syndrome].

Maria Isabel Vazquez-Arce1, Elena Marques-Sule2.   

Abstract

AIM: To analyse several cardiovascular risk factors by means of the physical activity performed by patients with acute coronary syndrome (ACS).
DESIGN: Cross-sectional study. LOCATION: Cardiovascular prevention service (Health Department, Valencia, Spain). PARTICIPANTS: The study included 401 individuals with acute coronary syndrome and discharged from hospital 2-3months before the assessment. The inclusion criteria included age between 30 and 80years-old, no contraindication for physical activity, and no previous participation in cardiac rehabilitation programmes. MAIN MEASUREMENTS: Metabolic equivalent MET (Kcal/Kg) was calculated, based on the type of activity, frequency, duration and intensity. Participants were divided into two groups: sedentary group (<10METs/week) and physically active group (≥10METs/week). Several variables associated with cardiovascular risk factors were assessed: body mass index (BMI), waist circumference, lipid profile, blood glucose, and arterial pressure.
RESULTS: The mean consumption was 8.24±12.5METs/week. Prevalent factors were overweight (77.05%), and dyslipidaemia (64.3%), whilst 64.8% were sedentary. The physically active group showed differences when compared to sedentary group in triglycerides (146.53±72.8 vs. 166.94±104.8mg/dL; 95%CI; P=.031), and BMI (27.65±3.86 vs. 28.50±4.38kg/m2; 95%CI; P=.045).
CONCLUSION: Physical activity was performed by a limited number of patients with ACS, with a prevalence of overweight and dyslipidaemia. Being physically active improved triglycerides levels and BMI. Therefore, health promotion from Primary Care and encouraging physical activity amongst patients with ACS is crucial.
Copyright © 2017 Elsevier España, S.L.U. All rights reserved.

Entities:  

Keywords:  Actividad física; Acute coronary syndrome; Cardiovascular risk factors; Factores de riesgo cardiovascular; Physical activity; Síndrome coronario agudo

Mesh:

Year:  2017        PMID: 28844478      PMCID: PMC6837138          DOI: 10.1016/j.aprim.2017.06.008

Source DB:  PubMed          Journal:  Aten Primaria        ISSN: 0212-6567            Impact factor:   1.137


Introducción

La adaptación de la Guía Europea de Prevención de 2008, realizada por el Comité Español Interdisciplinario para Prevención Cardiovascular, y su posterior actualización de 2012, recomiendan el control de los factores de riesgo cardiovascular (FRCV) mediante un estilo de vida cardiosaludable basado, entre otros, en la actividad física (al menos 30 min de ejercicio diario)1, 2. Se recomienda la realización de actividad física para prevenir y tratar los principales FRCV modificables: diabetes mellitus, hipertensión o dislipemia. Realizar actividad física mejora la capacidad funcional y se relaciona con disminución de la incidencia de enfermedad cardiovascular y mortalidad3, 4, 5, 6. La inactividad es uno de los mayores factores de riesgo para desarrollar una enfermedad cardiovascular, y por contra, solo con niveles moderados de actividad física se obtienen beneficios significativos en salud. La actividad física se relaciona con el mantenimiento de la calidad de vida del individuo y su independencia a lo largo de los años. Desde las consultas de atención primaria (AP) deben proporcionarse recomendaciones para desarrollar estilos de vida saludables y prescribir ejercicio para prevenir enfermedades crónicas y aumentar la calidad de vida de la población9, 10. El ejercicio mejora el aprovechamiento del oxígeno a nivel muscular mediante una vasodilatación mediada por el óxido nítrico y aumenta su consumo. El ejercicio con mayor beneficio cardiovascular es de tipo aeróbico, entendido como ejercicio dinámico, repetitivo, rítmico, submáximo y realizado por grandes grupos musculares, a la intensidad en que cada persona puede mantenerlo por períodos prolongados y sin comprometer la estabilidad del organismo. El ejercicio realizado de modo continuo genera más resistencia y, a intervalos, produce mayor aumento de la capacidad aeróbica. Numerosos estudios refieren mayor efectividad del ejercicio intenso que genere disnea (Borg 5-6/10), encontrando un descenso de un riesgo del 4% por cada equivalente metabólico (MET) de incremento en la actividad14, 15. Este entrenamiento más intenso puede aumentar hasta 15 veces el consumo de oxígeno, por aumento hasta 10 veces de la ventilación-minuto y 5 veces del gasto cardiaco, unido a un aumento de 3 veces en la extracción sistémica del oxígeno. El ejercicio intenso (hasta el 90% de la frecuencia cardíaca máxima), realizado de modo interválico, parece más efectivo que el de tipo continuo más moderado (al 70% de la frecuencia cardíaca máxima). El mejor rendimiento se obtendría en un circuito que combine ejercicio aeróbico y anaeróbico, con una pauta de recuperación activa que favorezca el retorno venoso en los miembros inferiores y evite síncopes. En nuestro medio no existe una conciencia social sobre los beneficios del ejercicio intenso ni moderado, en pacientes con varios FRCV, aunque en los últimos años se está realizando un esfuerzo para incidir en este aspecto. La promoción en AP se muestra como una medida efectiva y necesaria para aumentar los niveles de actividad física en adultos sedentarios. El objetivo del presente estudio es analizar diversas variables relacionadas con los FRCV: índice de masa corporal (IMC), perímetro abdominal, colesterol total, colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (cLDL), colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad (cHDL), triglicéridos, glucemia, presión arterial sistólica y diastólica, en función del volumen de actividad física realizada por pacientes con síndrome coronario agudo (SCA).

Material y métodos

Estudio transversal realizado en un Servicio de Prevención Cardiovascular hospitalario del Departamento de Salud Valencia La Fe en 401 pacientes con SCA de alta hospitalaria (edad media 58,24 ± 9,4 años; 82,5% hombres). Todos los participantes fueron informados por escrito sobre la naturaleza de este estudio, incluyendo todos los riesgos potenciales, y firmaron el consentimiento informado. Los criterios de inclusión fueron: haber sufrido un SCA con alta hospitalaria en los 2-3 meses previos a la medición y edad entre 30 y 80 años. Los criterios de exclusión fueron: contraindicación médica para realizar actividad física, haber realizado algún programa de rehabilitación cardiaca y descompensación clínica. Se realizó una entrevista sobre la actividad física mediante una valoración detallada del volumen de actividad física de tiempo libre realizada habitualmente. Se incluyeron cuestiones sobre el tipo de actividad realizada (caminar, realizar bicicleta, jardinería, trabajos domésticos, deportes y actividad física al ir y volver del trabajo), frecuencia, duración e intensidad de las sesiones. Se evaluó de forma individualizada la actividad física realizada mediante el consumo calórico en MET, en base a las tablas de equivalencia ejercicio-MET. La muestra fue dividida en 2 grupos: 1) pacientes sedentarios (consumo < 10 MET/semana, n = 238, edad media = 61,35 ± 8,95 años), y 2) pacientes físicamente activos (≥ 10 MET/semana, n = 163, edad media = 60,12 ± 9,57 años). Adicionalmente se determinó el volumen de actividad física mediante la escala de Caspersen y Powell (tabla 1).
Tabla 1

Estratificación del nivel de actividad previa al SCA, según escala de Caspersen y Powell, expresada en porcentajes

ParámetroCaracterísticasPacientes (%)
SedentarioNinguna actividad física de tiempo libre64,8
Actividad irregularRealizada en período de 20 min < 3 veces/semana12,5
Regular no intensivaRealizada en período de 20 min, ≥ 3 veces/semana, de intensidad < 60% de capacidad cardiovascular máxima16,7
Regular intensivaRealizada en período de 20 min, ≥ 3 veces/semana, de intensidad > 60% de capacidad cardiovascular máxima, con actividad dinámica de grandes músculos6,0
Estratificación del nivel de actividad previa al SCA, según escala de Caspersen y Powell, expresada en porcentajes Se evaluaron diversas variables relacionadas con los siguientes FRCV: dislipemia, diabetes, sobrepeso/obesidad e hipertensión arterial. A continuación se especifican las variables estudiadas. Se evaluó peso y talla, perímetro abdominal y se calculó el IMC para determinar la existencia de sobrepeso u obesidad. Talla y peso fueron evaluados mediante una báscula-tallímetro electrónica digital SECA 285 (Medizinische Waagen und Messsysteme, Hamburg, Alemania). La talla se midió con el paciente descalzo, en bipedestación y pies juntos. El peso se determinó sin zapatos y desprovistos de ropa, excepto ropa interior. Se tomaron dos mediciones de cada variable y se utilizó el valor promedio. Se calculó asimismo el IMC y se midió el perímetro abdominal, tomando como referencia el punto intermedio entre el margen costal inferior y la espina ilíaca anterosuperior, con el sujeto en bipedestación. Se realizaron 2 mediciones, las cuales se promediaron. Colesterol total, cLDL, cHDL, triglicéridos y glucemia fueron determinados mediante analítica sanguínea, para detectar la presencia de dislipemia o diabetes. Los coeficientes de variación interensayo e intraensayo de las determinaciones de los tipos de colesterol fueron: colesterol total (2 y 1%), cLDL (2 y 3%), cHDL (2,5 y 1%), triglicéridos (2 y 1,2%). La presión arterial se midió con un esfigmomanómetro Omron M6 Comfort (Omron Corporation, Kyoto, Japón), en sedestación y reposo previo de 15 min, para valorar la existencia de hipertensión en la muestra. Asimismo, se registraron los antecedentes familiares de cardiopatía. El análisis estadístico se realizó mediante el programa estadístico Statistical Package for Social Sciences, versión 19.0 (SPSS Inc., Chicago, Illinois, EE. UU.). Las variables continuas se muestran como medias con desviaciones estándar; para variables cualitativas, mediante su distribución de frecuencias. Para la comprobación de la normalidad se empleó la prueba de Kolmogorov-Smirnov. Las diferencias entre variables cuantitativas continuas en dos grupos independientes se analizaron mediante la prueba t de Student o la correspondiente prueba de Mann-Whitney en el caso no paramétrico. Para el análisis de asociación entre variables cualitativas se aplicó el test chi-cuadrado. Se estableció un nivel de significación estadística de 0,05. Esquema general del estudio. Estudio descriptivo transversal, en pacientes con síndrome coronario agudo, para analizar diversas variables relacionadas con los factores de riesgo cardiovascular, en función del ejercicio físico realizado.

Resultados

Participaron en el estudio 401 pacientes que cumplían los criterios de inclusión y que fueron evaluados. Ningún paciente declinó participar. El 32,4% de los pacientes sufrió un SCA con elevación del segmento ST (SCACEST), siendo diagnosticados el resto de SCA sin elevación del ST (SCASEST). Respecto a la medicación prescrita, el 100% tomaban antiagregantes plaquetarios; el 65,8%, estatinas; el 62,2%, bloqueadores beta-adrenérgicos; el 51,3%, inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina (IECA); el 31,2%, antagonistas de los receptores de la angiotensina ii (ARA II), y el 1,1%, fibratos. Respecto a la actividad física realizada por los pacientes incluidos, el consumo medio fue de 8,24 ± 12,49 MET (kcal/kg) por semana y el 63,4% refirió hábitos sedentarios según la escala de Caspersen y Powell. Además, la muestra presentó sobrepeso (77%), dislipemia (64,3%) y antecedentes familiares de cardiopatía (44,9%). No hubo diferencias significativas (p > 0,05) en las variables edad, porcentaje de hombres, nivel educativo, porcentaje de participantes con SCACEST o SCASEST. El grupo físicamente activo (consumo ≥ 10 MET/semana) mostró un valor promedio significativamente menor en los niveles de triglicéridos (166,94 ± 104,7 vs. 146,53 ± 72,8; IC 95%; p = 0,031) y en el IMC (28,50 ± 4,3 vs. 27,65 ± 3,8; IC 95%; p = 0,045), respecto al grupo sedentario (consumo < 10 MET/semana). Por otra parte, no se encontraron diferencias significativas en colesterol total, cLDL, cHDL, glucemia, perímetro abdominal y presión arterial sistólica o diastólica (tabla 2).
Tabla 2

Comparación entre variables del grupo sedentario (< 10 kcal/semana) y del grupo activo ≥ 10 kcal/semana)

VariableGrupo sedentario (n = 238)Grupo activo (n = 163)p
IMC28,5 ± 4,327,6 ± 3,80,045*
Perímetro abdominal (cm)109,8 ± 12,6101,4 ± 9,70,084
Colesterol total (mg/dl)173,7 ± 46,1164,9 ± 41,10,053
Colesterol LDL (mg/dl)102,0 ± 38,694,7 ± 35,50,114
Colesterol HDL (mg/dl)39,7 ± 12,939,1 ± 11,00,481
Triglicéridos (mg/dl)166,9 ± 104,7146,5 ± 72,80,031*
Glucemia (mg/dl)111,4 ± 42,9108,0 ± 38,30,468
PAS (mmHg)133,0 ± 17,4128,5 ± 17,00,876
PAD (mmHg)73,0 ± 9,172,5 ± 9,60,684

HDL: lipoproteínas de alta densidad; IMC: índice de masa corporal; LDL: lipoproteínas de baja densidad; PAD: presión arterial diastólica; PAS: presión arterial sistólica.

p < 0,05.

Comparación entre variables del grupo sedentario (< 10 kcal/semana) y del grupo activo ≥ 10 kcal/semana) HDL: lipoproteínas de alta densidad; IMC: índice de masa corporal; LDL: lipoproteínas de baja densidad; PAD: presión arterial diastólica; PAS: presión arterial sistólica. p < 0,05.

Discusión

Nuestro estudio muestra que el ejercicio puede proporcionar una adecuada prevención sobre el sobrepeso y la dislipemia, logrando, con moderados consumos de energía (≥ 10 MET), disminución significativa de IMC y triglicéridos respecto a pacientes más sedentarios. Desde 1995 (Consenso sobre actividad física y salud cardiovascular) se recomienda al menos 30 min de ejercicio moderado regular, preferiblemente diario, adecuado a la capacidad, necesidades e intereses de cada persona. Esta sencilla recomendación viene recogida en sucesivos planes de salud. Aceptando que la actividad física realizada alcance al menos una intensidad de 3 MET, durante 30 min, 7 días a la semana, se lograría el objetivo de consumir ≥ 10  MET y estaríamos en el umbral de la actividad física de ocio y tiempo libre moderada, disminuyendo la mortalidad. Caminando a un paso rápido (≥ 3 MET), se reduce el riesgo en un 35% si se alcanzan los 10 MET semanales, similar al efecto de realizar un ejercicio más vigoroso. Este objetivo es plausible y puede recomendarse desde AP a todos los pacientes con FRCV. En nuestro grupo se establecieron diferencias en triglicéridos e IMC entre el grupo sedentario y los que realizaron ejercicio moderado, por lo que quizás el beneficio se obtenga a partir de este consumo moderado de calorías (≥ 10 MET). Otros autores20, 21 encontraron beneficio en el ejercicio moderado-intenso que aumentaría si se realizara en mayor cantidad, pero cuyo efecto disminuyó con el progresivo aumento de actividad. En esta línea, tras realizar un entrenamiento diario moderado (300 kcal/día) con hombres sanos sedentarios con sobrepeso se mejoraron los parámetros metabólicos, se generó una actitud positiva y un aumento de la actividad general, mientras que un ejercicio más intenso (600 kcal/día) implicó cansancio, actitud negativa y percepción de excesivo consumo de tiempo. Algunos autores recomiendan el ejercicio de alta intensidad, independientemente del volumen total de actividad. Así, con ejercicio intenso de 6-12 MET la reducción es del 17% (RR 0,83) y con ejercicio moderado de 4-6 MET, del 6% (RR 0,94), respecto al de baja intensidad (< 4 MET; p = 0,02). La velocidad de la marcha es más determinante que la duración, siendo necesario un paso rápido (3-4 MET) o veloz (> 4 MET) para considerarlo ejercicio moderado. Este punto debería considerarse en las recomendaciones de AP a pacientes que refieren no disponer de gran cantidad de tiempo en su vida diaria para realizar actividad física. Resulta necesario alcanzar al menos 14,75 MET/semana de marcha rápida para una reducción del riesgo del 18% (RR 0,82), independientemente de la duración. En nuestra muestra, pacientes con consumos ≥ 10 MET presentaron diferencias con relación a los FRCV, mientras que otros estudios solo encontraron diferencias al realizar una actividad vigorosa, posiblemente por el efecto umbral y la imprecisa medición de la actividad moderada. Realizar actividad física al menos moderada puede mejorar progresivamente la salud, siendo necesaria una política activa de concienciación de promoción de la salud en este sentido. El 20,4% de nuestros pacientes presentó cifras elevadas de glucemia, y ellos realizaban menos actividad física, tenían mayor sobrepeso, perímetro abdominal, triglicéridos y menos cHDL, comparados con pacientes con glucemias en rango, porque el ejercicio en estos pacientes también modula el perfil aterogénico lipídico (colesterol total, cLDL y triglicéridos). Se recomienda el ejercicio de resistencia moderado, porque activa el glucógeno-sintetasa con elevación de GLUT4, y el ejercicio interválico, ya que incrementa más el total de insulina mediada por la toma de glucosa. Se requiere una actividad > 12 MET para lograr reducir un 54% el riesgo de diabetes. El 14,6% de los pacientes con actividad inferior (9,5 ± 3,0 MET) desarrollan diabetes en los 5 años siguientes. Desde AP pueden establecerse entrevistas individuales y acciones colectivas que incluyan recomendaciones sobre actividad física y FRCV, como programas individuales personalizados o grupales de actividad física general de diferentes duraciones e intensidades, en función de las características y preferencias de los pacientes, incluyendo un perfil lúdico. Deberían incluir la información por escrito, consensuando unos objetivos factibles y un seguimiento y control evolutivo, mediante la adaptación de las características de la actividad basada en la evidencia científica, según la evolución de cada paciente y la patología concreta. Consideramos que deberíamos preguntar al paciente acerca de sus hábitos en actividad física, evaluar la cantidad de actividad física mediante cuestionarios de actividad física reducidos y recomendar actividad física moderada regular, cumpliendo con el mínimo recomendado. Es importante recalcar el incremento de actividad física como estilo de vida mediante modificaciones de la rutina diaria, subir escaleras y disminuir el tiempo de sedentarismo. En definitiva, considerar la prescripción de actividad física como un tratamiento real y de bajo coste. Por otra parte, desde la consulta de AP hay que considerar la seguridad con que los pacientes asumen dicha actividad en gimnasios convencionales. El Colegio Americano de Medicina Deportiva realizó una estratificación del riesgo para obesos sedentarios, fumadores dislipémicos, hipertensos o diabéticos: con un FRCV podían realizar ejercicio intenso hasta el 60% de la capacidad aérobica; con dos o más FRCV el ejercicio debía ser moderado, salvo que se hubieran realizado test funcionales máximos previos. En esta línea, algunos autores defienden que el entrenamiento de alta intensidad puede aumentar 2,75 veces el riesgo de arritmia, mientras que un ejercicio moderado mantiene un riesgo entre 1,18 y 1,39. Sin embargo, otro estudio observó un aumento de la expectativa de vida con el ejercicio intenso, algo menos con el moderado, y que no se produjo con el ejercicio suave. Nuestros hallazgos sugieren que las políticas de promoción de actividad física y de educación para la salud pueden haber tenido un bajo impacto en pacientes con SCA agudo, ya que realizan escasa actividad física, con alta prevalencia de sobrepeso y dislipemia. Por tanto, la AP representa un papel imprescindible en cuanto a la promoción y difusión de las recomendaciones nacionales e internacionales sobre actividad física, mediante entrevista individualizada en consulta, o bien programas individuales o grupales de actividad física que incluyan información y consejo sobre actividad física y FRCV. Así, puede lograrse un mayor desarrollo real de este tipo de políticas de salud que promueven la actividad física, con el objetivo de la prevención y la promoción de la salud en general y de los problemas cardiovasculares. Resulta necesario, por tanto, realzar la figura del médico de AP como pilar fundamental para liderar estas estrategias de educación para la salud.

Conclusiones

Los pacientes con SCA agudo realizan escasa actividad física, alejada de recomendaciones internacionales, con alta prevalencia de sobrepeso y dislipemia. La actividad física moderada en torno a 10 MET semanales mejora los niveles de triglicéridos y el índice de masa corporal en pacientes con SCA, pese a que suele recomendarse ejercicio de alta intensidad. Por tanto, realizar actividad física al menos moderada puede mejorar progresivamente la salud, siendo necesaria una política activa de concienciación de promoción de la salud en este sentido desde AP.

Lo conocido sobre el tema

El síndrome coronario agudo (SCA) afecta a gran número de personas en nuestro país y limita sus capacidades físicas, lo que puede afectar a la realización de actividad física en la vida diaria. Existe una mejor salud cardiovascular entre los pacientes que realizan ejercicio de modo habitual.

Qué aporta este estudio

Se identificó una importante proporción de pacientes con SCA que realizaron escasa actividad física, con prevalencia elevada de sobrepeso y dislipemia. Los sujetos físicamente activos presentaron niveles de triglicéridos e índice de masa corporal significativamente menores que los sedentarios. Es necesario fomentar la actividad física entre pacientes con SCA.

Financiación

No existe fuente de financiación.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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